Lady Gaga gana ocho de los VMA, entre los que destacó el premio al mejor vídeo por 'Bad Romance'.
Lady Gaga es historia. Historia de la música, del arte y la moda. Un vértice de un esquema sobre nuestros días que augura momentos indestructibles en el futuro de estos. Calla bocas, silenciadas por un respeto, fruto de un trabajo sensacionalista, basado en el marketing y perfectamente construido que, aunque no a gusto de todos, comprende una lección de perfecta producción.
Ayer se celebraron los VMA. Ella volvió a arrasar, recogiendo ocho premios que sirvieron, más que para otra cosa, para reafirmar lo que ya eran evidencias. Que 'Bad Romance' es el vídeo del año, ya lo sabían todos, su récord en YouTube le avala; que se convierta incluso en el mejor disco de la década es una decisión en manos de Gaga. Quizás por culpa de los tiempos, o gracias a ellos, Lady Gaga es un fenómeno del siglo XXI allí donde Madonna lo fuera en el siglo XX; y un fenómeno que sólo podrá mejorar según envejece si quiere mantenerse vivo.
Gaga llegó a los VMA acompañada de cuatro militares expulsados del cuerpo por maricones, sublevando a lo Harvey Milk a todo el pueblo gay que ha dejado de ocupar el distrito 5 y ahora abarca el mundo entero -un poco megalómano sin duda-. Se viste de un difunto McQueen, que alterna con un rendido Armani para finalizar vestida de carne. Lady Gaga es el fenómeno de los jóvenes de la era de la información. Presente y para siempre, como cualquier dato almacenado en Internet.