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Un paso más tarde

Nico Grijalba de la Calle

Odile, Arthur y Franz se marcan un baile, pretendidamente moderno, antes del golpe. Todo esto ocurre en ‘Bande à part', una película clave de Jean-Luc Godard, de 1964, que revela juventud y exaltación de las hormonas. Una pieza novelle-pulp, un artefacto iconográfico que ha servido de comunión para muchos posclásicos, la aceleración de la moda, de las calles de París, del pillaje por bandera, de cuando el mundo se arreglaba con una cola-cola -era lo suyo en el delicioso corto, también de Godard, ‘Todos los chicos se llaman Patrick'-, a escasos pasos de la corrida del 68. Odile, Arthur y Franz, nuestros tres protagonistas, se aburren. Y del mismo repiqueteo de sus dedos sobre la mesa surge el baile. El baile es ella, el baile y su sombrero. Anna Karina, la actriz, baila para Godard.

Y luego está el intertexto. La firma de ropa Diesel propone, con buen gusto y chispa graciosa, que aquel baile continúe en otro bar. El videoclip interactivo que presenta su nueva colección, con una canción de Josep, es una sugerente herramienta de promoción. Aunque con otros tres protagonistas emulando aquellos pasos, distintos planos muestran a distintos jóvenes con su coreografía cincelada a golpe de chasquidos (de dedos). La moda, en este caso, está instalada en el tuétano del producto, es lo que tiene que ser, pero ya no creemos ni en ladrones de poca monta que quieren aprender inglés ni en los labios presurosos de Odile.

De la escapada del Louvre, la velocidad versus la quietud, el no abrazo de la Victoria de Samotracia, a los bailes asfálticos del Trocadero de París han pasado tres rayos catódicos, la eliminación del fotograma físico y la ingesta masiva de bolsas de plástico.

 

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