Fue en el año 1988 cuando el New Museum of Modern Art de Nueva York realizó la exposición ‘Impresario: McLaren &The British New Wave'. Una muestra que enseñaba desde el territorio de la Cultura aquello que había nacido como contracultural hacía más de una década: el punk, como subversión de las reglas de la industria contra la industria misma, para acabar "partiéndose de la risa camino del banco". No está mal que, por lo menos, optaran en la muestra por el subtítulo ‘New Wave' en lugar de Punk, ya que ese fue el nombre (otro neo más de la época), con que encontró respaldo comercial.
No puede decirse que, en aquella ocasión, fuese la Cultura (con mayúsculas) la que hubiese desactivado el fenómeno trasgresor. Las transgresiones, ya se sabe, dejan de serlo con tan sólo recibir ese nombre, y el punk llevaba ya mucho tiempo nombrado como trasgresor desde la Cultura y la academia. Exactamente, desde 1979, cuando Dick Hebdige publicó su libro ‘Subculture: The Meaning of Style' (una joya) dejando claro que, cuando las transgresiones se nombran, pasan a ser eso: un "estilo" - como los estilos artísticos, los estilos que vemos cada fin de semana en las discotecas de moda o los particulares estilos de los peinados de las sempiternas "señoras" que acumulan fans en Facebook - es decir, nuestras abuelas.
En el caso McLaren, el título de la muestra no engañaba - era todo un empresario. Lo había sido desde el principio; desde que en la escuela de Bellas Artes de la que salió tarifando adoptara el situacionismo francés como chaqueta de guerrillero (contra)cultural; cuando abrió junto con su extravagante mujer - la inefable Westwood- la tienda de ropa pseudo S&M "Sex",a cuya puerta se reunían los jóvenes parados, aburridos y excluidos de la sociedad británica del momento que, más tarde, por obra y gracia de la mano del empresario, se convertirían en los Sex Pistols raptando, una vez más, el "estilo" que McLaren había aprendido de los neoyorquinos Richard Hell o de las New York Dolls (a quien más tarde, como manager, quiso convertir en grupo travesti-pseudo-comunista).
Quizá ese fue, precisamente, su mayor logro: ser consciente de que el rebelde imperdible punk sería pronto convertido en elemento de pasarela de moda para acabar banalizado en tiendas de ropa al por mayor Made In Taiwán, y sacar él el primero partido de todo ello - así funcionan también algunas contraculturas, aunque ahora las miremos prendidos de su mito.
Descansa en paz, McLaren, si es que en el cielo no tienes a la pareja Sid&Nancy dándote el coñazo para que pagues tus deudas - o quizá se conformen con que "les dejes algo suelto para el taxi", como se suele decir.