Una experiencia en la feria de fotografía, por Lola Fabra Antón.
En marzo tuvo lugar en New York The AIPAD Photography Show, una de las ferias de fotografía más importantes a nivel mundial, organizada, como su nombre indica por AIPAD (Association of International Photography Art Dealers), que reúne a algunos de los galeristas más destacados del medio fotográfico.
The AIPAD Photography Show no está enfocado a la promoción de las últimas tendencias fotográficas, algo que me sorprendió gratamente teniendo en cuenta las directrices que predominan en España en cuanto a ferias de arte. Muy al contrario, en ella tienen cabida cualquier tipo de obra fotográfica dentro del amplio abanico de tendencias y técnicas que se han desarrollado a lo largo de la historia de la fotografía hasta nuestros días. Entre los fotógrafos más conocidos que ocupaban los stands podemos mencionar a Hyppolite Bayard, Julia Margaret Cameron, Edward Curtis, Ansel Adams, Eugène Atget, Brassaï, Manuel Álvarez Bravo, Berenice Abbot, Henri Cartier-Bresson, Robert Doisneau, André Kértesz, Edward Weston, Arnold Newman, Robert Mapplehorpe, y un larguísimo etcétera de fotógrafos de primera fila.
A grandes rasgos, el blanco y negro ha sido el gran protagonista de la feria, y aunque debemos tener en cuenta que la fotografía en color no tiene más de cincuenta años, se agradece que el mercado no se deje arrastrar por cualquier imagen con luces de neón que lleve colgando la etiqueta de ‘novedad'. En el otro extremo, vemos cómo se empieza a recuperar la fotografía en color de la segunda mitad del siglo XX que durante algún tiempo ha sido ignorada a favor del blanco y negro. Destacaban especialmente una serie de pequeñas fotografías de André Kertész realizadas con una cámara Polaroid, en las que el autor transmite el lenguaje poético que tanto le caracterizó a través de un medio tan de "ir por casa" como es una Polaroid, y es que, como bien dijo Cartier-Bresson, "cualquier cosa que hayamos hecho, Kertész la hizo antes". Y, efectivamente, una de las tendencias que predominan entre los fotógrafos actuales son las series de fotografías a tamaño relativamente pequeño presentadas de forma conjunta, como si de un mosaico se tratase. A nivel expositivo el efecto es muy bueno, pero seguramente el comprador de alguna de esas piezas se sienta defraudado al colgar en una pared una única fotografía aislada.
En cuanto a los fotógrafos, me llamó la atención la presencia de Joel-Peter Witkin, cuya obra no había tenido ocasión de ver en vivo, a pesar de que las tres únicas piezas presentadas no salieran de los márgenes de lo "aceptable", como era de esperar. De Annie Leibovitz pude descubrir el retrato de Tony Curtis y Jack Lemmon (aunque seguramente sea conocido para muchos). También he de subrayar la presencia del fotógrafo japonés Nobuyoshi Arani, con fotografías mucho más lights de las que nos tiene acostumbrados, pero de una calidad muy admirable. Y entre los fotógrafos que tuve oportunidad de descubrir, Michael Wolf , con una obra muy amplia y variada, aunque a veces un tanto desigual, y que parece estar muy en boga; Alex Webb, con un empleo del color muy expresivo, pero sin estridencias; Pentti Sammallahty, con fotografías sencillas e ingeniosas en blanco y negro, y Jefferson Hayman que lleva el concepto de obra más allá de la pura imagen fotográfica, enmarcando de forma característica cada una de sus piezas, de hecho, la presentación que se hizo de su trabajo bien podría ser una única obra de arte en sí misma.
Por último, me asombró encontrar una escueta representación de la fotografía catalana, con la presencia del "maestro" Leopoldo Pomés, a la que la Michael Hoppen Gallery dedicó una parte considerable de su stand, y como curiosidad, un estudio de desnudo del pintor Josep Maria Sert.