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¿Qué es lo que hace al arte latinoamericano tan diferente, tan atractivo?

Julio Pérez Manzanares

De entre las innumerables propuestas moralleras de ARCO, siempre destacan algunas por el respiro - y la alegría- que da pararse frente a ellas.

Eso es lo que sucede con buena parte de las obras presentadas en el stand de la galería Faria Fabregas, un oasis en el que el arte, lejos de lo que sucede en buen número de los stands que durante estos días han copado el recinto ferial, importa. E importa de manera muy especial, como importa el arte producido en latinoamerica durante las últimas décadas, por tratarse, en su gran mayoría, de propuestas capaces de aunar lo estético y lo crítico; de ofrecer un panorama del mercado del arte actual, y sus degluciones culturales, sin olvidar que, el papel que se espera de una pieza artística, todavía hoy, es que sepa seducir estéticamente.

Entre las obras presentadas por la galería venezolana, se encuentran los mapas de Horacio Fabregas, tema que desde las "Cartografías" de Ivo Mesquita ha servido como inmejorable elemento para realizar una crítica desde el arte latinoamericano de los canales impuestos por el mercado del arte y de la recepción que las obras producidas desde las "periferias" tienen cuando son trasladadas a los grandes "centros" del arte, siempre teñidas con algo de exótismo. Sus mapas no son, desde luego, lugares habitables, ni guías posibles para hacerlos funcionales; quemados, con impresiones alterando la escala - la palabra CENSORED impresa sobre algunos de ellos casi los ocultan, trastocados en definitiva, dejando claro que, el mapa, la propuesta espacial de la mirada que cree poder gobernar el mundo diciendo lo que queda dentro y lo que queda fuera, no es sino una forma más de mirar que puede ser subvertida.

Subversión asimismo que podemos encontrar en la obra de Albano Alfonso, presente en el espacio de la galería Casa Triángulo de Sao Paulo quien se sitúa en la tradición brasileña de la "antropofagía" de la que en los años veinte hablasen Andrade y Tarsila do Amaral; raptando iconos del arte occidental de ayer y de hoy (del autorretrato de Durero a la calavera de Damien Hirst), Alfonso los trastoca y los deglute meclándolos con tradiciones culturales locales para acabar fundiéndose a si mismo con el pintor aleman del renacimiento europeo y convirtiendo la pieza de Hirst en un esqueleto completo en una urna, reliquia casi de viejas culturas.

Cuanto se agradece, en pleno ARCO, encontrar obras que, como poco, cuestionan su propio papel sobre esas paredes.

 

 

 

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2 Comentarios


  • Marina García — Dijo el 25/02/2010 7:58am

    Siempre pensé que el futuro del arte en el siglo XXI estaba en Sudamérica. Me alegro de ver este artículo. ( Hace 2 años )

  • Lilian amaral — Dijo el 04/03/2010 5:42pm

    Soy artista visual e investigadora brasileña, me gustó mucho la construcción del comentário así como la aportación de la revista on line.
    Anbrazo, Lilian Amaral, São paulo, Brasil. ( Hace 2 años )

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