Ya sabíamos que Patti Smith había nombrado al pequeño Arthur Rimbaud como el primer infante del punk rock. La precocidad del enfant -usted espera que le añada el adjetivo terrible-, su rebeldía de absoluto genio luciferino, y sus ansias, con tan sólo quince años, de "ser parnasiano o nada", le han hecho icono de los iconoclastas. Eo ipso retruécano. De esta forma, y con esta guisa de plumaje arabesco, ahora París rinde homenaje al poeta maldito a través de la cultura pop.
La Galerie des Bibliothèque, a escasos metros del Sena, acoge la exposición 'Rimbaudmania, la eternidad de un icono', donde se estudia el influjo del francés en las manifestaciones populares, también en la alta cultura, a lo largo del siglo XX. El comisario de la muestra ha reunido unas 300 piezas que llevan la huella de los quehaceres y los decires de este poeta: desde fotografías a óleos, desde revistas a textos dramáticos, pasando por coreografías, acordes rock-punk-pop, chapas o prendas textiles. Las camisetas con la archi-reproducida fotografía que Etienne Carjat le hizo al joven Arthur Rimbaud (17 fantasmagóricos años) pueden ser el must del momento.
Lo cierto es que artistas como Pablo Picasso, Jean Cocteau, Joan Miró o los energúmenos de la beat generation se han dejado mesar los cabellos por las tempestades de este "impulso", como acertadamente le llamó Roger Mounier. Su efervescencia de vidente, por eso es jodidamente moderno, se mantiene tallada por la gran frase: "Yo es Otro". Aún así, ¡cuidado!, aviso al viajante: que el barniz y la pátina del Pop, su parte proclive a pudrirse en tres días al compás de la moda, no afecte al Poeta Caníbal. Saltar al vacío puede ser una práctica de la juventud, pero no confundamos el Star System de arcilla con el Barro Más Salvaje.