El Modernism benévolo de los años veinte.
¡Qué felices fueron los años veinte! Son una década memorable: el jazz, las fiestas en Long Island, el art decó, los Fitzgerald garantizando, con su asistencia, que el evento en cuestión es de lo mejorcito que está aconteciendo en la ciudad en el momento... y el Modernism, claro, ese movimiento artístico que no conviene confundir con nuestro modernismo hispánico, y que alcanza sus máximas cotas en la literatura de los años veinte. ‘Ulysses' (1922), de James Joyce, y ‘Mrs. Dalloway' (1925), de Virginia Woolf, constituyen dos excelentes ejemplos de esta corriente.
Unas pequeñas palabras sobre ‘Ulysses': la delicadeza con que se describe la pajilla de Stephen Dedalus bien valió para que la obra fuese censurada en Inglaterra por obscenidad, y el autor se viese obligado a editarla en París. Curiosamente, una de las editoriales inglesas que rechazó el manuscrito fue la Hogarth Press, la editorial de Leonard Woolf, esposo de Virginia.
Tres años más tarde, vio la luz ‘Mrs. Dalloway', la primera novela de la autora en recibir un tratamiento serio y elogioso por parte de la crítica especializada. Comparte con ‘Ulysses' técnicas y rasgos absolutamente innovadores, como el tratamiento del tiempo (ambas, influidas por la filosofía de Henry Bergson, transcurren a lo largo de una única jornada, que se dilata a través de percepciones y recuerdos dentro de recuerdos) o el denominado stream of consciousness, tan imitado por buena parte de los narradores posteriores.
Es bastante probable que el mito de Virginia Woolf, con su agitada vida emocional, en el amplio espectro de la palabra, así como las últimas adaptaciones de la obra llevadas al cine, hayan eclipsado sus numerosas cualidades. Y es que, al igual que algunos otros autores de la época, Virginia gozó en su trabajo del éxito que no tuvo en su vida personal. Por todo ello, no es mal momento para sacarla de nuevo a la luz y continuar disfrutando de un clásico imprescindible. Y dejarse seducir por la cara amable de los felices años veinte.