En un sótano, imaginamos que lóbrego, algo húmedo y patidifuso, de la Universidad de Yale han encontrado la que podría ser una de las pinturas más representativas de Velázquez en su etapa sevillana. 'La educación de la Virgen', así se llama el lienzo, estaba aterido de frío, perdido en la locura de Connecticut, pasmados sus protagonistas en el tiempo y el mantón de Santa Ana raído. Como velázquez perdidos en el tiempo, caídos en sótanos y archivos, otras piezas despistadas, mutiladas y escondidas, de otros maestros, aguardan salir del ostracismo. Estas últimas noticias de descubrimientos e incluso de falsas autorías (¿cómo llevas 'Saturno' no pertenecer a papá-Goya?) están de moda: el fake, el camuflaje, la catalogación difusa y controvertida venden.
Así que tirando de los errores, y aprovechando que la historia y la crítica del arte tienen las patas cortas, la National Gallery de Londres presenta, hasta el próximo 30 de septiembre, la exposición 'Close Examination: Fakes, mistakes and Discoveries'. Algo así como jugar a ser Sherlock Holmes en el mundo del arte, misterios sin resolver y pinceladas puestas en duda. Los comisarios de esta exposición, Wieseman y Roy, lo tienen claro: es un derecho de los visitantes saber la verdad de las obras. ¿La verdad de las obras? Ríase usted de las intenciones de Rafael, de lo que hacían o deshacían los talleres, de lo que escondió Rembrandt, de si la interpretación y la crítica han evidenciado con mimo cada una de las huellas dactilares que se esconden en un lienzo.
Fascinante es el caso que se incluye en el dossier de la muestra: 'Portrait Group', un óleo adquirido a principios del siglo XX con la idea de su pertenencia al siglo XV, resultó con el paso de los años y el avance de las técnicas una tela pensada en el siglo XIX. Algo así, bien vale la mofa, como aquel viaje que con el colegio hicimos a un pueblo de la serranía madrileña. Allí, un viejo que regentaba una especie de museo particular sobre piedras y calizas de la zona, vendía luego, a modo de souvenir pétreo, fósiles de la mismísima glaciación cuaternaria. Y ahí que estábamos nosotros, niños de EGB con ojos fotovoltaicos, creyendo en esa glaciación milenaria y en la comunión de los icnofósiles, o algo por el estilo.
Lo mismo ocurre aquí, hemos sacralizado tanto a los Grandes que los Grandes no nos pueden fallar. Pero aquí el que falla es el ojo humano, aliado de las mentiras que como madejas se han liado a lo largo del tiempo. En cierta manera como bien dijo ese maestro de la propaganda caníbal, el señor Goebbels, de repetir mil veces una mentira creamos una verdad absoluta. Así de cierto, de pragmático y de aterrador.