Los dos últimos videoclips de Lady Gaga han sido una revolución, casi como todo lo que rodea a la estrella. Desde hace tiempo el sexo es un efectivo reclamo, pero también lo es una imagen estridente y en todo ello Gaga quiere expresamente diferenciarse para despuntar.
Recién llegada a la cárcel, Lady Gaga se lanza al dibujo de la lesbiana para la lesbiana. En el retrato de las reclusas de la penitenciaría no encontramos el modelo de lesbianismo imperante en el discurso mainstream -y Gaga no es sólo mainstream, es el stream-. Aquellas mujeres que rodeaban a la nueva diva americana en el que fuera su último y mayor videoclip huyen de la erótica heterosexual para adentrarse en imágenes propias a la cultura lésbica desvinculadas de la figura del hombre como voyeur. Cuando su personaje desvela una relación con aquel de Beyoncé podríamos atisbar una vuelta a lo que cabía esperar, pero las referencias a ‘Thelma y Louise' y, por tanto, a la mujer libre, volverán a guiarnos a un discurso de ellas para ellas.
Hoy Lady Gaga estrenó, con todo el rebombo posible, su nuevo videoclip, ‘Alejandro', repitiendo la jugada y dirigiendo su mirada hacia "otra mitad". El travestismo más allá del espectáculo de variedades y la sumisión del hombre por el hombre pueblan este vídeo que, por otra parte, supone un festivo revival de antiguos clips repletos de bailes y humo de discoteca. No hace más que jugar con otros estereotipos -siguiendo intactos el "juego" y los estereotipos- que aquellos a los que nos tienen acostumbrados; pero no por ello es menos llamativa y potente -y eficiente en la mercadotecnia-.
Sabido es entonces que la homoerótica es, sin duda, otra de las múltiples armas que usa Lady Gaga -eso sí, luciendo graciosa en medio de la instrumentalización, marca de la casa-.