Entramos en un confortable salón de té, lleno de pasteles exquisitos, cada vez que escuchamos a Pauline en la playa. Ensalzan lo cotidiano; de una habitación hacen un país, de una bañera el mar... Cada una de sus temas es un ejercicio de precisión aérea, funambulismo de pulgas y polichinelas.
Son canciones de "guitarra y dormitorio" que por el contrario despliegan una extensa y cuidada instrumentación. Es como si un grupo de jazz, hubiera hecho versiones a posteriori de un grupo básico de pop.
Su nuevo disco tiene una expresividad distinta a todo lo anterior. ‘Física del equipaje', que ha tardado cuatro años en salir, es como una mudanza espiritual en la que las asturianas han ordenado los trastos viejos y han eliminado lo innecesario.
El resultado son canciones tan perfectas como ‘Un gran país', que hace cartografía de la anatomía, ‘Esos besos' grabada con un grupo de música popular asturiana ó ‘Tendencia de sastre' que explora una caja de costura llena de retales propios, vaticinando ya en el propio título del tema el destino incierto de esta búsqueda. El disco tiene esa sensación de espacio atlántico inmaculado, esa playa final de ‘Los 400 golpes' de Truffaut lluvia fina, nubes y claros de sol, ese vacío que todo lo llena.