Tanto Umberto Eco como Abbas Kiarostami -la mezcla es exótica, aunque paneuropea- han coincidido en el tiempo con dos obras que nos hablan de la copia y las falsificaciones. Tanto el nuevo filme del iraní, 'Copia certificada', como la novela del semiólogo italiano 'El cementerio de Praga' se regodean en la idea de la vuelta continua, como un bucle atemporal, a las fuentes primigenias. Es sobre todo la cultura occidental, y por ende la sociedad moderna, la devoradora directa de la reinterpretación y el remake, también de la copia directa y alarmante. En los tiempos en que las redes sociales posibilitan la adopción de distintas personalidades, donde el trapicheo de mercancía en la red está en tela de juicio por los poderes legales y los fácticos, y la piratería toma posiciones entre las constantes vitales de una sociedad como la nuestra, no sería raro que se retomase este viejo tema al que Deleuze, entre otros tantos, dedicó un interesante ensayo.
Kiarostami, que además le guiña un ojo a Rossellini, coloca a sus dos protagonistas en la bella región de Toscana, tierra donde el sopor dulce de las tardes generó dioses y monstruos, amores y lazos regados por el vino y el sudor. Así, en la última secuencia de este filme, la misma luz polvorosa que entra por la ventana de un típico hotelito se convierte en la saeta de punta que derriba lo que antes fue un amor modélico. Kiarostami detiene el tiempo, muestra uno de esos momentos tan difíciles de explicar, sentimientos de plomo y lesiones que se rumian en el silencio: si ya no hay nada que decir mejor callar, y mirar, y esbozar aquella sonrisa (etrusca). Resignación ante lo que se repite una y otra vez, cansancio ante el te dije y me dijiste, copia certificada y certificado de defunción. Pero la apagada luz aún no se separa de los labios profundamente rojos de una sensual Juliette Binoche.
También Italia se repite. Y Grecia. Y hasta la dura Inglaterra. Europa se sabe vivida y necesita callar, mirar, esbozar aquella sonrisa y explotar. De tanto copiarnos, falsificarnos, lo que es peor rebozarnos y adornarnos con la exultante mentira, Europa abre los ojos y contempla que sus palacios tienen carcoma y que la enfermedad ha roído el hueso. Las protestas se suceden y los estudiantes reviven el placer de la barricada iluminando cada noche con sus teléfonos móviles; el SMS es la misiva de guerra que se escribe como matando marcianitos. El enemigo se confunde y se viste, mientras el pueblo más inquieto se traviste, y la máscara pensada por Alan Moore es ahora sudario de pancarta y guerra cibernética de los nuevos fakes enmascarados.
Desde la otra orilla, el gigante de guantes de oro y metralleta a punto, lanzará una superheroína para luchar contra los piratas: Ultraviolet. La comunión será por fin en streaming, la marca del calzoncillo en tres dimensiones, la mirada perdida se almacena en el polígono Cobo Calleja y aquí el que no copia no mama. Fantástico el verso, pues, del florentino Dante: "Ahora van con argucias y bufonadas a predicar, y aunque bien la gente ría, ínflase la capucha, y no se busca otra cosa". ¡Algarabía! Afortunadamente un periódico de tirada nacional saca, a partir de este domingo, los cuchillos de la cocina española, a imitación de la sagaz navaja albaceteña, la contumaz falcata de Córdoba... Hablando de labios, hablando de espadas. (Querido Vicente). Los de Binoche: rojos profundos, como la arcilla cocida de los etruscos, son mis preferidos.
Von_Demasiado_Indie — Dijo el 17/01/2011 11:27am
Bien, parece que Kiarostami vuelve sin pudor alguno al gran tema de los dos (¿tres?) últimos siglos: el Tedio.
Eso sí, a Boyero, a pesar de todo, le ha gustado. Qué miedo.
( Hace 1 año )
Mario Rajas — Dijo el 17/01/2011 12:06pm
Esto sí que es un buen ensayo. Da gusto leerlo, como casi siempre en Kultura Urbana. ( Hace 1 año )
Maximus — Dijo el 22/01/2011 2:56pm
No puedo estar más de acuerdo. ( Hace 1 año )