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Fragmentos de un discurso amoroso

Julio Pérez Manzanares

No; no es del magnífico libro de Barthes de lo que voy a hablar, sino de la película 'Les Amours Imaginaires' de Xavier Dolan (asimismo protagonista del film) presentada en 2010 en el Festival de Cannes.

La película, magnífica, del joven director de 22 años, cuenta la relación entre Marie y Francis, entre los que se colará el bellísimo Nicola, maestro de la ambigua seducción, haciendo que ambos se enamoren de él y se inicie una especie de triángulo amoroso (o antes bien celoso) que transformará radicalmente la relación entre ellos.

Salpicada de "testimonios" que parecen contados a un psicoanalista, la película incide constantemente en todos aquellos aspectos de nuestras relaciones personales en los que el deseo se establece como mediador; un deseo en el que Nicola, con algo del indolente - y hasta ajeno- Tadzio de 'La Muerte en Venecia' de Mann y Visconti, se convierte asimismo en la pantalla en la que Marie y Francis comenzarán a proyectar sus obsesiones, frustraciones amatorias e idealizaciones sentimentales llegando a rozar los caminos de la obsesión y hasta la locura.

Dos rotundos aciertos de la narración; de un lado, esos testimonios casi psicoanalíticos - pues "es la falta de amor la que llena los bares" tanto como los gabinetes psicológicos- y que ponen de manifiesto la importancia de ese concepto mismo: el deseo, en nuestra configuración como "sujetos" amantes, y la imposibilidad misma siempre que el "otro" sea solo fantasía."Parlez-moi d´amour decimos con frecuencia al Otro - leo en uno de los mejores comentarios al concepto de "deseo" lacaniano, siempre confuso con el de amor- ; rellena el hueco, pespuntea la grieta, finge pespuntearla si no otra cosa; contesta la carta, contesta en tu carta lo que quiero que contestes, entiende lo que te dije en mi carta y dime lo que necesito oír; dímelo como quiero oírlo; no me malinterpretes y no me sumas en tu malentendido. Sé cómo quiero que seas, devuélveme la imagen que demando: sutura la falla. Aunque el Otro, que también anda buscándose en el espejo, que está a su vez demandándonos Parlez-moi d´amour, no contesta las cartas, ni remite acuse de recibo y, si lo hace, habla de algo que nada tiene que ver con el contenido de la misiva enviada en ese intento, fallido cada vez, de que nos hablara de amor o, dicho de otro modo, de que satisficiera nuestra demanda de amor."

De ahí parte el segundo acierto: pues en una época como la nuestra, plagada de deseo irrealizable, no está mal recordar todo lo que el deseo mismo anula: esos contactos físicos - pues es completamente física la película en los gestos de los actores como en las escenas de verdadero deseo- que la imaginación propone sólo como anticipaciones ideales e irresolubles - por eso a los protagonistas les cuesta masturbarse pensando en su amado, tanto como reconocen que no se trata de una cuestión meramente sexual cuando es, precisamente, su única vía.

En definitiva, y por no descuartizarles el largometraje, una pequeña y delicada joyita que no se deberían perder. Y se lo digo yo, que como el pequeño Proust odio el cine y las imágenes en movimiento que "ensucian las paredes de mi cuarto" y que, sin embargo, tengo que rendirme - como tendremos todos que hacerlo- a la misma proyección en esta película en la que todos nos encontraremos reflejados, y acabaremos por enamorarnos también en el eterno juego de la seducción. Ya lo decía Cocteau: "Toso estamos enfermos y sólo sabemos leer los libros que tratan de nuestra enfermedad". No se la pierdan.

 

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2 Comentarios


  • Sacra paralela — Dijo el 05/04/2011 10:07pm

    "pues en una época como la nuestra, plagada de deseo irrealizable"
    ¿Existe alguna época donde hubiera algún deseo realizable? ( Hace 1 año )

  • Julio Pérez Manzanares — Dijo el 10/04/2011 11:50pm

    Nunca, es cierto, pero "nuestra época" (por lo que esto quiera decir, en cualquier caso) es una en la que absolutamente todo está basado en la noción de deseo como promesa, identificación y seducción mucho más que cualquier otra, en la que el "deseo" podía reducirse de manera mucho más general, y sin duda menos narcisa, al deseo puramente "amatorio", que es en el que -también es cierto- se concentra la película. la noción de deseo no es ahistórica, como nada lo es en el ideario colectivo, y pensar que se deseaba y se amaba más allá de lo puramente físico de la misma manera en todas las épocas es falsear un concepto que ha variado junto a las circunstancias socio-económicas del momento tanto o más que cualquier otro. Gracias por el comentario, Mr. Paralela. Saludos. ( Hace 1 año )

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