Un cadáver exquisito, nueve escritores desconocidos y Gran Hermano.
El 18 de junio de 1816, se dan cita en la Villa Diodati, a orillas del lago Leman, una serie de personajes cuyas obras renovarán el curso de la literatura fantástica. Son, entre otros, Lord Byron, su médico y secretario John William Polidori, y el matrimonio formado por Mary y Percy Shelley. El resultado, las obras ‘Frankenstein' y ‘El Vampiro'.
La anécdota es narrada por uno de los personajes de ‘Fantasmas', la séptima novela publicada de Chuck Palahniuk, quien recientemente nos ha visitado en la Feria del Libro de Madrid.
Sus protagonistas no son tan brillantes ni tan cultos como el círculo de amigos capitaneado por Byron, pero al menos tienen nombres tan sugerentes y difíciles de olvidar como la Dama Vagabunda, el Conde de la Calumnia, la Hermana Justiciera, o el Duque de los Vándalos; y todos ellos acarician la ambición de convertirse en grandes escritores.
Con la única presión de tener que escribir su opera magna en tres meses, son reclutados por el anciano Whittier y conducidos a un lugar secreto, un teatro abandonado en las entrañas de Los Ángeles, donde permanecerán sin ser molestados (y sin poder contactar con el mundo exterior) mientras trabajan. Pero, ¿qué ocurre cuando la inspiración no llega? ¿O cuándo la falta de talento y la vagancia anuncian su presencia a golpe de bombos y platillos?
Como ya habrán imaginado los numerosos seguidores de la obra de nuestro escritor, la trama sufrirá un terrible vuelco hacia esa zona de la geografía del dolor que Palahniuk, iluminador de los rincones más duros y banales de la experiencia humana, conoce como nadie.
Aunque más deudora de las colecciones de cuentos tipo ‘Decameron', ‘Los cuentos de Canterbury' o ‘Las mil y una noches', que del horror gótico de Mary Shelley y John W. Polidory, y no tan fresca e innovadora como ‘Asfixia' y ‘El club de la lucha', ‘Fantasmas' muestra un buen puñado de grandes aciertos, como los constantes paralelismos con los reality shows al estilo de ‘Gran Hermano', o como las reflexiones que sugiere con la deconstrucción de ciertas leyendas urbanas. Un snack rico, rico, rico.