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El bohemio y la griseta

Nico Grijalba de la Calle

Hace dos años la sala alternativa La enana marrón dedicaba una retrospectiva al cine marciano de Adolpho Arrieta, un madrileño que tejió su celuloide con eso que han denominado los etiquetadores maneras underground. En el presente mes de marzo, todos los miércoles, La Casa Encendida se lanza a proyectar parte de su filmografía, hecha a caballo entre España y Francia, porque en París fue donde Adolpho se chocó con la verdadera libertad, con la sangre de Cocteau y con un universo poético-lumínico que vertebró, en los inicios de su aventura parisina, Jean Marais.

Arrieta, evidentemente desconocido por el gran público, no existe más que para los degustadores de la exagerada puesta en escena, para los raros de cada clase, para los mecanismos que aún chirrían en una moviola y para los que sucumbieron al poder luciferino de lo camp. Arrieta, aunque ya metido en lo digital -‘Eco y Narciso', ‘Vacanza permanente'-, está bañado en el acetato y en las miradas amateur. París era una fiesta, y todo volverá. Todo, absolutamente todo, es digno de convertirse en una Santa Imagen (¡ay, Zulueta!), y este rara avis que también se considera pintor, de ahí sus manierismos y la plástica tan acusada en películas como ‘Las intrigas de Sylvia Couski' (1974), devora imágenes vividas, soñadas (que también son vividas, por cierto) e inventadas.

Aparte de las películas ya citadas aquí, el espectador que acuda a estas citas podrá visionar, entre otras, ‘Imitación del ángel' (1966), ‘Tam Tam' (1976), ‘Flammes' (1978) o su última producción hecha hasta la fecha: ‘Dry Martini (Buñuelino Cocktail)', un cortometraje de 2009 que homenajea al barman que Luis Buñuel llevaba dentro.

Por lo general en todas ellas destacan los seres eléctricos que pueblan normalmente el cine underground. El norteamericano Jack Smith, uno de los verdaderos pioneros en extraer luz artificial de las sombras, rodó en 1963 la excitante e hipnótica ‘Flaming Creatures'. Sus llameantes protagonistas, vampiros masturbatorios con mucho postureo, se reinventan de arriba abajo en un modus vivendi trash mientras danzan como insectos de queratina al ritmo de canciones como Siboney y Amapola. Luego Arrieta, once años después, flambea a sus particulares criaturas en ‘Las intrigas de Sylvia Couski'; de nuevo la banda sonora se cubre de un terciopelo rosa como de otros tiempos y los arabescos y las canciones de orquesta, la opereta y el hada madrina...

Y ahora, ¿ahora en qué piensa Adolpho Arrieta?

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