Seguro que a todos nos pasa un poco; entre loas y detracciones, por unas cosas o por otras, todos, cada año, acabamos un poco empachados de ARCO. Unos diciendo que es una feria ridícula, otros vanagloriándose de contar con ella entre sus planes locales; unos queriendo estar, otros queriendo marcharse... pero todos pasando por la vicaría, más tarde o más temprano.
Como después de todo empacho viene bien un digestivo, aquí les dejo tres propuestas para pasar el trago:
1. Algunas de las viñetas de John Watterson para su tira semanal ‘Calvin y Hobbes'. Impagable sentido del humor en general, y agudeza infinita cuando de tocar los asuntos del arte contemporáneo se trata. Si hasta Kosuth cayó a sus pies, por algo será.
2. ‘Yo también sabría hacerlo' de Christian Saehrendt y Steen T. Kittl (Ma Non Troppo, 2009). Vale que parezca un libro escrito por dos estudiantes cabreados con sus profesores, pero a los malotes de la clase (que suelen coincidir con los más chistosos), no les falta razón esta vez. Recopilan en su libro todo un elenco de anécdotas, chismes, teorías (más propias que ajenas) y situaciones del mundo del arte contemporáneo, para dar razón a esa "mayoría de masas silenciosas" que desconfían del arte contemporáneo como se desconfía del surimi - todos lo comemos pero pocos sabemos lo que es. Por todas partes mejorable, en absoluto imprescindible, pero realmente divertido - a mí, particularmente, siempre me hace mucha gracia ver fotos de Picasso con ese calzoncillazo braga-faja que gastaba el mujeriego. Prueben a llevarlo a la feria bajo el brazo la próxima vez, si es que no se atreven con ‘Los Trabajos y los Días' de Hesíodo.
3. Al año que viene, volver con otros ojos. Y es que hay en momentos que ARCO puede resultar realmente divertido. Prueben a cambiar de compañía, por ejemplo, y vayan con sus abuelas, que ellas saben lo que se dicen. Como decía uno de mis más admirados mentores: "nadie tiene peor gusto que los historiadores del arte".