No puedo decir que Murcia es hermosa, lo siento. Pero hay cosas mucho mejores que ser hermosa, por ejemplo, tener actitud, como me dijo Nando Cornejo de Potipoti. Me dijo que yo no era guapo pero tenía actitud. No me sentó bien, pero lo asimilé.
KARLOTALASPALAS, GANDORA DE ALMACÉN DE IDEAS
Pues así le pasa a Murcia, que ahí donde la tienes, y que se pique España entera, cuenta con una de las pasarelas más arriesgadas en cuanto a diseñadores jóvenes se refiere. Y riesgo no quiere decir circo y vacío. El riesgo, en el caso de la Pasarela Abierta, va sostenido de ideas creíbles. Así, entre los diseñadores más experimentados y los jóvenes creadores de moda, se montaron este finde un oasis bien majo, modesto pero brillante, en aquel auditorio de la periferia enfrente del Eroski.
Abrió la pasarela del viernes el desfile de Pedro y el Lobo, firma bajo la que se esconde (nunca mejor dicho, es timidísimo) el diseñador Pedro García, lo mejor de la tierra, sin duda, y de la Tierra si se me deja no ser objetivo. Pedro es un ser pensante, que calla más que habla y en lo que calla le salen bonsáis en la cabeza y luego los lleva a la pasarela. Es un portento imaginativo y, sobre todo, sensitivo. A las seis de la tarde nos plantó un bosque enfrente de las narices, a través de árboles modélicos o modelos arborescentes. La selección de la música y los visuales no podía ser mejor. Y seguidamente, Sinpatrón. Otra órbita. Y una órbita de una fuerza centrípeta descomunal. Sus prendas no están cosidas, están edificadas. ¡Y sin patrón! El trabajo de estilismo parecía hecho por alguien que hubiera viajado a Japón 2040 y hubiera regresado a Murcia 2008 a desencajarnos los ojos. Salvar a estas alturas los colores flúor llevándolo al punk merece una efigie en cualquier plaza.
Roberto Bolaño inauguró los desfiles sabáticos. Un homenaje a las viudas de Galicia, las viudas del mar, remakeadas, claro. Luto y brumas. Todo hecho con mucha habilidad y buen criterio, aunque con poca novedad. Después la pareja Potipoti insistió en su gusto por lo ancestral, lo mítico y fabuloso. Y su gusto es mi gusto. Así que me encantaron los prints de los pantalones y jerseys y los colores primarios conjugados con el negro y crudo. Además, tuvieron la gentileza de dejarnos lucir algunos diseños para el coctel y doy fe de que hacen más delgado y mejor persona. Fuimos varios los que les dijimos que si hacían una línea infantil se forraban. Pero les veo como con poco apego al dinero. Mejor para todos, no los quiero ver en H&M. Y cerró la jornada la firma Gori de Palma, que no sé si tiene tanto bagaje como para hacer una retrospectiva de su obra, pero la hizo. Puestos a enseñar, siempre es mejor una selección. Así que vimos sus mejores trajes sastre de mujer y alguna que otra joya de noche, todo en negro más que riguroso, inexorable.
Las creaciones de los estudiantes, bajo el título de “Almacén de Ideas”, rimaban con las de los diseñadores. Como referentes, mujeres del pasado (las artistas de la Bauhaus) y la clásica mujer del futuro. Negros, blancos y cremalleras. Sus nombres: el colectivo Las Otras y Nosotras, Daniel Beltrán y Bertrand Landreau, Elisabet Navarro y Karlota Laspalas. Buena gente.
Para ilustrar lo visual con palabras, Pasarela Abierta incluyó en el programa dos mesas redondas que no tuvieron ni la organización ni la convocatoria que merecían. Pero no se le puede pedir todo a las pasarelas tan jóvenes. Nos conformamos, y con una dulce conformidad, con lo visto y vivido allí. Y con el sol que doró nuestras pieles.
Isabel Coixet + Penélope Cruz: reconozcamos que, hasta cierto punto, era inevitable. Lo que no significa que tenga que ser necesariamente malo, como demuestra esta delicada adaptación de Philip Roth.
Detesto abrir con un tópico, pero es posible que sea cierto que los polos opuestos se atraen. Esa sería una buena manera de explicar qué es lo que encontró una cineasta preocupada por la sensibilidad pura, casi etérea, en las páginas de una novela fundamentalmente carnal. “El animal moribundo” fue el tardío cierre de una trilogía que el novelista Philip Roth abrió allá por 1972 y consagró a la figura de David Kapesh, ficticio profesor de literatura (y probable alter ego) que, en esta ocasión, desarrollaba una atracción casi autodestructiva hacia una de sus jóvenes alumnas. Coixet pasa muy de puntillas por ese potente componente sexual de la relación, pero conserva su esencia: así, “Elegy” acaba manteniendo un diálogo poco convencional con su modelo, que se adapta como un guante a ese intimismo melancólico que la realizadora lleva perfeccionando desde “Mi vida sin mí”. Puede que la película sólo tenga un 35% de Roth, pero ese porcentaje pesa mucho en el resultado final.
Era casi una obligación que Penélope Cruz acabara interpretando algún día a Consuela Castillo, ese oscuro objeto de deseo que, en la prosa de Roth, es comparable a una modelo de Modigliani. También Ben Kingsley está perfecto en la piel del otoñal Kapesh, muy lejos de las tormentas de intensidad y mal rollo a las que el protagonista de “Sexy Beast” acostumbra en esta etapa de su carrera. Cuando ambos están juntos, notamos ese halo de delicado magnetismo que muy pocos actores logran materializar. Naturalmente, Coixet sigue siendo Coixet (hay planos tan relamidos que podrían pasar por una referencia jocosa a la clásica bolsa de “American Beauty”), pero “Elegy” es una propuesta lo suficientemente conmovedora como para que pasemos por alto sus errores.
La semana pasada fue METAL quien presentó su nuevo número, el 10 ya, en el Foc, un nuevoespacio barcelonés que es a la vez restaurante y club a partir de las doce. Hoy Luis Venegas, el editor de Fanzine 137, presenta en el Tropicana su nueva aventura editorial, Electric Youth! Y el mismo club acogerá en breve la fiesta de Hércules. Las revistas también bailan.
Y para todos aquellos que nos habéis preguntado por la fiesta de METAL, aunque un poco tarde, aquí van las fotos. Amenizó la noche Bluku. Y aunque no cabía un alfiler, bailar bailamos. La próxima fiesta de METAL, en junio.
¿Una charcutería de lujo? ¿El cuarto oscuro del nuevo club gay en la ciudad? ¿Un antro sado maso? Frío, frío.
La casa de la carne es un espacio en Madrid, llamadle tienda, outlet o lo que queráis, donde podréis comprar las colecciones de los últimos 5 años, incluida la colección de este verano, del diseñador bilbaíno. Aunque conociéndole, vete tú a saber lo que te encuentras dentro de un lugar con un nombre como este.
Desde mañana durante solo un mes en Loreto y Chicote, 9. Inauguración mañana viernes a las 18:00h
Todavía estoy que no me lo creo. Tras la colaboración de Roberto Cavalli del año pasado, que arrasó sin contemplaciones aunque a mí me dejó más bien fría, tocaba un cambio de tercio. Entre mis apuestas, dos nombres por encima de los demás: Ann Demeulemeester y Comme des Garçons. Sinceramente no pensaba acertar. Pero cuál fue mi sorpresa cuando H&M anunciaba la semana pasada que Rei Kawakuwo será la responsable de la colección que la firma sueca lanzará como ya es costumbre el próximo mes de noviembre. Al parecer, la expansión de la marca en Japón, donde obviamente adoran a Comme des Garçons, tiene mucho que ver en el asunto. Sea como sea la decisión de invitar a Kawakuwo es lo mejor que han hecho en todo este tiempo de colaboraciones. Con permiso de Viktor & Rolf.
H&M inaugurará su segunda tienda en Japón a principios de noviembre, que Kawakubo sea la encargada de hacer la que ya es una de las colecciones más esperadas de cada año es una jugada de marketing excelente para afianzarse en el país nipón. Y de rebote contenta al público más exigente y entendido de medio mundo. Jugada redonda además porque es el contrapunto perfecto a la pasada colección de Cavalli dirigida a un sector de compradores en principio diametralmente opuesto. De cualquier forma, H&M informa que habrá una colección de mujer, otra de hombre, y algunas prendas para niños. Además será la primera vez que se incluyan complementos y hasta una fragancia unisex. “Siempre me ha interesado el equilibrio entre creación y negocio”, dice Kawakubo. “Es un dilema, aunque para mí la creación ha sido siempre la prioridad. Es un desafío fascinante trabajar con H&M, puesto que supone una oportunidad de llevar al extremo ese dilema y tratar de resolverlo”. El resultado, en noviembre. Seguro que no decepciona. No sé vosotros, pero yo ya me veo haciendo cola antes de que abran la tienda para no perderme nada.
No sé a vosotros pero a mí me emociona ver la primera colección de alguien, sobre todo si apunta maneras tan interesantes como ésta. Manu Gómez es el artífice de Cruz Castillo, y aunque esta es su primera incursión en la moda como diseñador, su trabajo siempre ha estado relacionado con ella, pues él es quien firma, por ejemplo, los prints de El Delgado Buil, sin contar que además también ha trabajado con gente como José Castro, Elisa Amann o Jordi Labanda.
Así que no, no es un recién llegado, pero sí, esta es la primera colección que firma (por cierto se llama Creo que en ti, ¿no era eso una canción de Miguel Bosé?) y, claro, nervios siempre hay. Tampoco muchos imagino, porque según cuenta él mismo las críticas recibidas han sido muy buenas y eso siempre tranquiliza un poco. La presentó hace ya unos días, coincidiendo con el 080, en la tienda que El Delgado Buil tiene en la calle Lledó, en Barcelona. Y lo primero que piensas al verla es, por este orden, 1/ qué hippie, 2/ ¿qué rollito místico es este?, 3/ pero qué chula y 4/ tiene algo de Romain Kremer. Luego hablas con él y te das cuenta de que por ahí iban los tiros. Porque si le preguntas en qué se ha inspirado a la hora de trabajar la colección te dice: 1/ vi “La montaña sagrada” de Jodorowski y fue importante (me lo creo), 2/ descubrí a Romain Kremer (claro) y 3/ me encantó la primera colección de Postweiler Hauber, muy inspiradora (esto no lo veo tan claro…). Acude a lo que le dijo Leticia de Modorra cuando le pides que te defina lo que ahora cuelga de las perchas y dice: “Ella describió la colección como algo newhippiecool”. Y no voy a hacerlo mejor así que ahí queda eso. Ideal para vestir cualquier tema de Devendra Banhart o mejor aún de MGMT, la última sensación bizarra que nos llega desde Nueva York aupada ya a hype de la temporada.
Bien por Cruz Castillo y bien porque todavía sigan saliendo, aunque muy de vez en cuando, propuestas como ésta.
No quería tardar tanto en escribir sobre esto pero una cosa lleva a la otra y al final los días corren que ni te enteras. Pero hoy sí. Y lo hago después de haber pasado una tarde de lo más entretenida dándole vueltas al asunto del 080 con un par de amigos a los que no les falta la razón. Uno de los comentarios: dónde van con tanta pasarela. Que sigue: si parecía un desfile de Valentino. Ay, ¡tanto continente para tan poco contenido!
MARTIN LAMOTHE: EL SUYO FUE UNO DE LOS MEJORES DESFILES
Y es que la pasarela lucía espectacular. Creo que eso ya lo dije. Pero lo que vimos desfilar por ella ya no lo era tanto. Esta vez sin embargo no quisiera entretenerme mucho en hablar de los desfiles, más que nada porque la mayor parte de ellos no los vi. Me gustó lo poco que vi de Il Galantuomo (todos los desfiles tarde y este empieza puntual, hay que fastidiarse). Y sé por las fotos que me habría gustado el de Jan iú Més y por supuesto el de Pelican Avenue (lástima que el viernes estaba fuera de Barcelona), y que me habrían dado igual otros tantos. Por lo demás mis expectativas se quedaron cortas con Alberto Tous, qué ha pasado con este chico, ¿dónde se fue todo su talento?, que presentó una colección espantosa de vestidos: frunces, volúmenes, brillos, gasas, transparencias y tetas al aire en un incomprensible ejercicio de mal gusto viniendo de quien viene. Todo lo contrario de, a mi juicio, la mejor propuesta que se vio en este 080: la de Martin Lamothe. La diseñadora supera con creces su colección de verano, y es otro claro ejemplo de las tablas que te da estudiar o hacer stages con diseñadores fuera de España (lo siento, es lo que hay). Para quien no la conozca podríamos enmarcar su trabajo cerca del de creadores como Romain Kremer, Pelican Avenue e incluso Bless si me apuran. Entre hippy-ravera cool y futurista (esos brillos, esas formas), la sobriedad del negro también le sienta fenomenal, su nueva colección, y cómo la lucieron las modelos, me gustó en su totalidad. Martin Lamothe ya vende en tiendas de medio mundo y su futuro se intuye más que prometedor.
Algo que, oooooooh, no puedo decir de esta pasarela, porque de verdad no entiendo a qué estamos jugando. Dice Sara Sáez, editora de moda de Yo Dona y una de las pocas personas sensatas sin pelos en la lengua que conozco, la otra es Rafa Rodríguez de Metrópolis y Fake, vaya pareja de cuidado, en la Neo de este mes, que está en contra de las pasarelas subvencionadas. Yo no soy tan radical. No me parece mal que se ayude con dinero público a los diseñadores con talento, siempre y cuando sea por un tiempo establecido: dos, tres años, los que sea. Si después de eso el diseñador no es capaz de valerse por sí mismo, producir su coleccion, crear su red de puntos de venta y autofinanciar su propio desfile, adiós muy buenas. Pero lo que pasa en España es inaudito: que te paguen por desfilar una colección que luego muchas veces ni vas a producir. Inaudito e indignante. Del calendario de Cibeles ya hablé en su día y no voy a volver ahora. Barcelona al menos no es tan rancia, solo hay que ver el público que viene a los desfiles, pero adolece de algo incluso peor: la autocomplacencia. Y la falta de autocrítica. La Generalitat se muestra más que satisfecha con el resultado. Quizá es que habitemos universos paralelos, y por eso donde unos vemos una pasarela de tercera (y ojo que la producción fue impecable, no me refiero a eso) que interesa a bien poca gente, ellos sienten que están jugando “con fuerza en un mercado global”, como se puede leer en El Periódico. De lo poco que se puede leer, vamos. Porque tecleas 080 en Google y casi te sale más información de la edición cero que de esta. Pero, claro, lo que cuentan son los números: 350 periodistas acreditados (el clipping me gustaría ver a mí), no sé cuántas televisiones, 30 centrales de compra… ¿Dónde estaban los compradores?, si el showroom estaba siempre vacío, dónde los periodistas, apenas cuatro vinieron de Madrid, pero si ni estaban los estilistas de Barcelona, entre otras cosas porque muchos ni fueron invitados (se repitió el error de la edición cero). Al final tengo la sensación que aquí lo que pasa es que al señor Valdero y compañía les pone esto de los trapitos. El glamour, los focos, las modelos. Onanismo puro, ya les digo. ¿Internacionalizar la moda? Así desde luego que no.
Y empezó el 080. Espectacular pasarela en el parque de la Ciutadella frente a la fuente, que incluso se ha integrado en el desfile con las modelos caminando sobre el agua seguro que muertas de frío. Mal día para una pasarela semi abierta. ¿A quién se le ocurriría algo así en pleno mes marzo? Ni quiero pensar lo que va a ser mañana allí: siete desfiles, cuenten las horas.
Bueno, el caso es que Txell Miras presentó su colección y, sí, hubo sorpresas. Esta chica es una cachonda. ¿Hubo déjà vu? Bueno, sí, para qué vamos a engañarnos. Pero también asombro entre los asistentes. ¡Rojo!, exclamaba un periodista cercano cuando la modelo hacía su entrada en la pasarela con un jersey en efecto rojo. Y luego, ¡lila! Por fin. Y qué bien le van esos puntos de color a su propuesta siempre tan enlutada. El beige se hizo casi blanco, las líneas más depuradas, el estilismo menos recargado. El trabajo de Txell se estiliza cada vez más. Siguen los cuidados patrones, el constructivismo en sus piezas, las superposiciones aunque en menor medida. No creo que haya sido su mejor colección pero me gusta lo que he visto. ¿Se quedará solo en broma particular o supondrá un punto de inflexión en su carrera? De momento la diseñadora, después de reflexionar acerca del sistema de temporadas de la moda, “ninguna disciplina creativa es tan esclava de las temporadas y ninguna debería serlo”, dice, ya ha anunciado que a partir de ahora presentará solo una colección al año, la de invierno.
Barcelona y la moda, un binomio complicado. A principios de marzo, fuera ya del calendario internacional (tras París, ¿qué?), se inagura hoy la primera edición de la pasarela barcelonesa que, aunque mantiene nombre y espíritu, eso del diseño independiente, queda lejos del primer proyecto que el equipo de Vicenç Mustarós presentó el año pasado.
TXELL MIRAS, A PUNTO DE PRESENTAR SU DESFILE
Lo dije en su día y lo repito ahora: de haberse mantenido la idea y el equipo originales, Barcelona tenía la posibilidad de hacerse un hueco entre las grandes pasarelas. Nunca hasta entonces se había visto en la ciudad un proyecto tan ambicioso, tan internacional y con tanto futuro. Pero la actual propuesta se me antoja menos ambiciosa, y más que floja para ser ya una primera edición. Perdón por el desánimo. Ojalá me equivoque y esto sea tan solo el comienzo de un proyecto sólido y estable. Barcelona no se merece tanto desatino.
Así que aquí estamos, 5 de marzo y apenas unas horas para el desfile de Txell Miras, una clásica ya en Barcelona. Siempre sobria y austera, Txell demuestra que tiene el suficiente sentido del humor como para llamar a su colección “Le grand déjà vu”. Cuántas veces habrá escuchado o leído eso acerca de su trabajo. A una servidora seguro que en más de una ocasión. Y conste que me gusta lo que hace, pero falta que llegue el día en que me de una sorpresa. A quien no podremos ver esta vez es a José Castro, uno de los platos fuertes de la anterior edición, que estuvo de nuevo en París con una colección oscura, ochentera, llena de brillos y siluetas de hombros marcados. Luego colgamos unas fotos. Tampoco desfila en esta ocasión Josep Abril, que ha marchado a Cibeles al no ver muy claro qué interés tiene presentar una colección de hombre a estas alturas. Y quien sí repite es Teresa Helbig, que debutaba en esto de las pasarelas el pasado mes de julio con un desfile lleno de glamour y vestidos preciosos. Así pues, dos que repiten y cuatro diseñadores nuevos. Seis diseñadores de aquí en total. Pocos. Muy pocos. Las novedades: Eduard Ballester con su marca EBP, que ya ha pasado por El Ego y por ferias como Who’s Next y Rendez-vous; Jan iu Més, o lo que es lo mismo Jan Zamora y Alfonso Peña, cuyas colecciones para hombre son impecables (hace no mucho les entrevistábamos aquí), Martin Lamothe, la marca de Elena Martin, barcelonesa curtida en Saint Martins y una de las diseñadores con más proyección internacional; y Zazo & Brull, a quienes ya hemos tenido la oportunidad de ver en otras pasarelas. La otra novedad es la presentación de un diseñador invitado: Alberto Tous. Algo que como poco me desconcierta. ¿Alberto Tous? Hace como dos años que no sabemos de él, sino más. En su web la última colección que sale es la que presentó en Gaudí para primavera-verano 2006. Así que no entiendo muy bien qué hace aquí ahora. Felicidades si viene para quedarse. Pero no me parece nada bien si el suyo es simplemente un desfile puntual que sirve solo para llenar huecos en el calendario y alimentar ínfulas de creador. Se suponía que esto iba de hacer moda de verdad con todo lo que eso implica (sí, producir, vender). Y más aún cuando otros diseñadores se han quedado fuera. ¿Qué pasa con Gori de Palma por ejemplo? Dejo la pregunta en el aire. A ver si alguien nos lo aclara. Extraña no verlo aquí.
Por lo demás, la cuota internacional la copan cinco diseñadores a los cuales debo reconocer que no conocía hasta ahora con la excepción de Pelican Avenue, que además tiene showroom en Barcelona (Felipe Salgado). Los otros cuatro: Elsa Esturgie, Il Galantuomo, licenciado en la Royal Academy de Amberes, que ha trabajado con diseñadores como Raf Simons y Dries Van Noten, Konstantin Gayday, diseñador ruso graduado en Arquitectura cuyo trabajo aparece ligado también a diferentes proyectos artísticos y Materialbyproduct. Junto a los desfiles habrá también un showroom profesional en el que junto a estos diseñadores participarán también otros como Bamby by Laura, Cecilia Sörensen, Juan Vidal, Oscar León y Serguei Povaguin.
Por cierto, la cita es en el parque de la Ciutadella.
No, nos nos hemos olvidado del último día de desfiles, aunque a estas alturas poco queda por decir. Que ojalá siempre fuera como el viernes. A última hora de la tarde, a tope de gente expectante por ver el desfile de El Delgado Buil y Carlos Díez aquello parecía otro Cibeles. El que nos gusta.
Pero antes de eso vimos a Josep Abril en bastante buena forma, mejor hacia final del desfile, donde el azul tuareg destacaba entre tanto gris. Lo de Anke Schlöder, Juana Martín y María Lafuente no tiene nombre, si bien es cierto que las prendas de Anke hechas a partir de trenzados estaban muy bien. Es una pena que la diseñadora no fuese más por ahí, porque la primera parte fue del todo prescindible y hasta sonrojante. Luxoir sorprendieron una vez más. Y para bien. En colores granate, marrones y verdes, demostraron que aparte del punto se manejan muy bien con la piel y el ante. Las chicas de El Delgado Buil siguen siendo de lo mejor que tenemos por aquí. Abrieron su desfile con un corto de animación en 3D para a continuación presentar uno de los mejores desfiles que se han visto en Cibeles este año. Más adulta esta vez, sin prints y con una paleta de colores exquisita, la colección de El Delgado Buil supone un paso adelante en su ya exitosa trayectoria. Lo mejor, la piel, ¡ese jersey con trenzas! Bueno, la piel, y los jerseys de lana y los abrigos… Todo. Y lo de Carlos Díez ya fue apoteósico. Carlos se parece cada vez más a una estrella del rock que a un diseñador. Todos sus fans estaban allí, por supuesto aplaudiendo cada una de las salidas. Algo flojo al principio, aunque esos estampados simulando una tormenta eléctrica son tremendos, la fiesta de verdad llegó al final. ¿Se llevan los flecos? Pues toma. Flecos en faldas, abrigos, chaquetas y vestidos. Flecos hasta en la cabeza. Una lluvia de flecos que primero sorprendió y luego arrancó más de una sonrisa . Él sí que sabe. Aplausos y estruendo final.