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Tarde o temprano había que hablar de ellos en un espacio como este. El ensayo, va por delante: excelentemente escrito y utilísimo de José Miguel G. Cortés titulado “Gilbert & George, escenarios urbanos”, nos da la oportunidad de hacerlo. El libro apareció en un momento idóneo, finales de 2007, coincidiendo con la exposición que la Tate Modern de Londres ofreció sobre la obra de estos singularísimos hijos de la Gran Bretaña (aunque uno de ellos nació en Austria) y perfectos representantes del underground inglés. A mí me parecen como unos Warhol europeos menos fashionables y mucho, muchísimo más corrosivos, más listos para los tiempos que corren.

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Son dos hombres irreductibles que se reducen a uno. Son Gilbert Proesch (1943) y George Passmore (1942) que decidieron comportarse como siameses en 1967 y así siguen. Viven juntos desde entonces, hacen todo juntos y lo que les hace sin duda únicos: crean juntos. Vestidos iguales, con trajes clásicos y sencillos, son la viva imagen de la más pulcra de las normalidades y el más recalcitrante de los conservadurismos. Ningún detalle en su aspecto ni en sus formas hace sospechar nada transgresor o excéntrico pero resultan inquietantes en grado sumo. Actúan como verdaderas esponjas urbanas, alimentándose de todo, fagocitando su entorno y devolviéndolo en imágenes de las que decir que provocan es no decir casi nada, quedarse en la superficie. Su arte no ha dejado títere con cabeza por reflejar de la sociedad en la que viven: religión, fanatismo, publicidad, moda, política, violencia, homosexualidad, terrorismo, … Se les ha acusado de blasfemos e incorrectos. Pero como suele ocurrir con este tipo de artistas han pateado lo establecido y lo establecido ha acabado por rendirles homenaje.

G&G se implican de tal manera en su obra que casi siempre forman parte de ella físicamente (esculturas vivientes, recurrente presencia de sus fotos en sus montajes, protagonizando su videos…). Han llegado a una absoluta fusión entre el artista y su arte. Sus caras y sus cuerpos, vestidos o desnudos, pueblan toda su obra reproduciéndose como fotocopias infinitas. Burla burlando el academicismo, siempre huyen de los ambientes cool de los entendidos. Al parecer, el interés de Gilbert y George por la cultura urbana responde a la voluntad de hacer “arte para todos”, que “trascienda las barreras del conocimiento y hable directamente a la gente sobre su vida y no sobre sus conocimientos de arte”.

Caleidoscópicos, fragmentarios, frenéticos… ¿Una pequeña pista de su discurso artístico? En una de las entrevistas que reproduce el libro explican una de sus obras más polémicas: un cruz hecha de mierda. En su opinión son muchos los que se mueven alrededor de ese símbolo sin ningún respeto y sin que pase nada. Les parece que una cruz de diamantes es igual de inmunda que una de excrementos. Si Dios es algo también es mierda, creen. Dos tipos imperturbables que, sin embargo, son capaces de pasar por todos los estadios emocionales, alrededor de los que gira Londres, Inglaterra, el mundo,… todos los escenarios urbanos. Leer el ensayo de José Miguel G. Cortés nos ayudará no sólo a conocerlos sinó a reflexionar sobre el arte de vanguardia, hoy, ahora.

Como de costumbre aprovecho el libro para escribiros unas palabras sobre la editorial. Nerea es un sello vasco avalado por veinte años de sólida tarea y que no defrauda a los buscadores de libros de calidad sobre historia, arte y arquitectura. Su catálogo brilla con títulos imprescindibles como “La psicología de los objetos cotidianos” de Donald A. Norman, que registra ya su tercera edición castellana. Merecen destacarse la colección Mujer en la Historia y Arte Hoy, a la que pertenece el libro reseñado aquí, y que ofrece, a un precio interesantísimo, hasta el momento 21 estupendos títulos monográficos.

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Así es amigos, ya podéis haceros con todos y cada uno de los números de la revista METAL en la red gracias a su nueva tienda online alojada en bigcartel, donde también podéis encontrar otras revistas célebres como Kink.

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Diséñalo tu mismo o, en otras palabras, si David Delfín puede, tú también. Ante una camiseta, el collar de colorines o la cortina de baño de esa tienda de diseño carísima del centro de tu ciudad, ¿de verdad que nunca has pensado: “esto lo podría hacer yo, e incluso esto lo podría hacer yo y ganarme unos eurillos”?

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Yo misma, un par de veces como mucho, he ido a esas fotocopisterías de barrio que te estampan una foto o unas letras en una camiseta de algodón. También empecé varios collares de cuentas unidas por hilo de pescar, animada por la vistosidad de una cadena de tiendas dedicadas a esta manualidad. Una amiga empezó a confeccionar bolsos de fieltro pero se cansó. Y no sé si cuentan las habilidades con las agujas de tricotar de mi abuela y mi madre. Eso es lo más cerca que he estado de diseñar mi propia ropa y complementos.

Sin embargo, y en parte gracias a la cada vez más generación familiarizada con los ordenadores, la cantidad de personas que diseña y personaliza sus pertenencias es un número creciente. El libro de Ellen Lupton reúne los casos más conocidos de diseño personal como carátulas de CD o participaciones de boda; y otros más insólitos como la ropa de bebé o las tazas de loza. Hete aquí pues las herramientas para crear tus propios proyectos de diseño, desde el concepto hasta la producción. Materiales, explicaciones paso a paso, ejemplos. Y sobre todo, vías para pensar como lo haría una mente “diseñante”. Además incluye una resumida pero cabal historia y teoría del movimiento del Design It Yourself.

En realidad, me esperaba más de este libro, que me habían recomendado varias veces, ya que sus ejemplos me han parecido un tanto simples. Sin embargo, es innegable su capacidad motivadora o incluso su capacidad para hacernos reflexionar sobre el fenómeno de la personalización o, como se le llama en ocasiones, la customización o tunning de los objetos que nos rodean. En lo industrial, el abaratamiento y la facilidad técnica para producir cualquier cosa ha llevado durante muchos años a la homogenización de lo producido. Pero dándole la vuelta también es cierto que, en manos de un individuo, esas facilidades permiten la singularidad revertiendo así el proceso. Por otra parte, Lupton incluye en la corriente D.I.Y. aspectos como la autoedición de pequeñas tiradas de libros o el diseño de webs o blogs personales. D.I.Y. pretende traspasar clichés y se presenta como algo más que un curso de bricolaje o manualidades caseras para llegar a plantearse como un modo de expresar nuestra creatividad o como un modo, sino de entender la vida, sí de entender la producción y el consumo.

PD: Ojito, las marcas, desde Ikea a Avecrem, detectaron esta tendencia hace mucho y nos venden lo que sea inacabado o desmontado para que nos hagamos la ilusión de que es obra nuestra o lleva nuestro toque.

DIY (Design it yourself)
Autor: Ellen Lupton
Editorial: Princeton Architectural Press

El que avisa no es traidor. Si eres una persona impresionable vas a acabar con muy mal rollo cuando leas cualquiera de las historias de Dennis Cooper: droga, prácticas sexuales extremas, máxima crudeza en el lenguaje y las situaciones y, tal vez lo más suave y por tanto lo peor, máxima desesperanza y sórdido sin sentido.

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Pero si somos capaces de tomar un poco de distancia, tal vez su lectura sirva para descubrir por fin porqué nos sentimos atraídos, de vez en cuando y de cuando en vez, por estos malditos de la literatura de todos los tiempos. A mí, for example, me ha servido para hacerme la pregunta: Y estos autores, ¿buscan y encuentran la provocación fácil en este mundo en el que casi no nos escandalizamos por nada o realmente viven inmersos en esa atormentadora realidad?

En la página web de Anagrama, editorial que hasta un determinado momento venía  publicando su obra, leemos esta escueta presentación: “Dennis Cooper es uno de los escritores norteamericanos más transgresores de las últimas décadas.” Ampliando el tema podemos decir cosas como que Cooper nació en California en 1953. Su padre era fabricante de armas en la era Nixon. Viajó a Europa justo para ver nacer el movimiento punk. Trabajó como periodista. Cooper se reconoce tan influenciado por el punk como por Rimbaud y Baudelaire. Le han dado la bienvenida literaria gentes de peso como William S. Burroughs, Brett Easton Ellis y Gary Indiana. Vive en Hollywood. Su primer libro fue un libro de poemas: “Idols”; el resto ha enganchado y repugnado por partes iguales a su legión de fascinados seguidores. Es gay y se dice que es un gay amenazado de muerte por algunos gays que lo acusan de homófobo violento. Tenía un blog con textos y fotos de jóvenes y alguien se lo hackeó.

Su última novela, “Chaperos”, apareció bajo el madrileño sello El Tercer Nombre, y la traducción es de Juan Bonilla. Como ya sucedía en anteriores títulos, el protagonismo recae en proto-adolescentes víctimas-verdugo de los juegos más peligrosos del sexo y las experiencias límite con trasfondo internauta. Tomando como estímulo la figura semi-efébica de Brad, un escort californiano, el autor levanta la veda a toda fantasía y deseo. Y como en otros libros de Cooper, la emotividad y los sentimientos se traducen en violencia; los diálogos, a veces reducidos a un intercambio en un chat de internet, se diluyen en un vacío doloroso; la vida, inseparable de la muerte como forma desesperada de posesión, puede ser algo real como un tiroteo en un instituto al estilo Colombine o algo ciber como un video-juego. Algo es seguro y frustrante con Cooper: en ningún caso hay opción a comunicarse.

A pesar de que algunas voces, que responderían a mi pregunta inicial, aseguran que la provocación cooperina es un puro fraude, no estaría de más pasearse por alguna de sus páginas y degustar, como mínimo si es que las historias os asquean, de un lenguaje ágil, conciso y moderno. Os prometo que no perderéis mucho tiempo. Tres libros de poemas y cinco novelas. De los tres os aconsejo: “Dream police” (Acuarela) y de las cinco, además de “Chaperos”, os aconsejo “Cacheo” (Anagrama), el libro por el que recibió amenazas de muerte. Dennis Cooper no soporta que le llamen escritor maldito por lo que tal vez no os convenga hacer mucho caso de esta reseña: a él mismo no le gustaría porque yo he utilizado la maldita palabra.

Las novelas sobre el mundo de la moda, sobre las chicas chic que viven en grandes ciudades, sobre las adictas al shoping, sobre los “problemas” de una mujer-mujer de hoy-hoy para estar siempre a la última-última… ¿No os espeluzna el panorama?¿Incluso os gustaría que os sugiriera títulos para saber si tengui o me falta? (Suspiro).

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Pues sí: tenemos la obra de Lauren Weisberger, “El diablo se viste de Prada”, y una reciente secuela de la misma autora “Cómo ser lo más en Nueva York. Pero hay más tela que cortar, nunca mejor dicho. Desde Sexo en Nueva York”, con la redicha Carrie Bradshaw  y sus dichosos Manolos, hasta  “Mujeres de Manhattan” de Candance Bushnell, desde la colección de “Loca por las compras” de Sophie Kinsella hasta “Las rubias de 5th Avenue” de Plum Sykes (rediós qué nombre); desde “Sushi para principiantes” de Maria Keys hasta “Diarios de una Nanny” de Emma McLaughlin y Nicola Kraus, desde “La vida secreta de Kate” de Allison Pearson hasta “Sola en la ciudad” de Wendy Markham, desde  “Los patitos feos también besan” de Jane Green hasta “Love trainer” de Julia Llewellyn… ¿Suficiente? Gracias.

Sin querer ir de enterada, ni menospreciar a quienes leen libros como los anteriores para su divertimento (yo fuí de las primeras en reírme con “El diario de Bridget Jones”), paso a centrarme en un pack de títulos que verdaderamente tienen que ver con el mundo de la moda.  Aquí, en España para no ir más lejos, podemos citar “La moda mata (pero no engorda)”, la novela de Ramón Fano, uno de los artífices de Neo2, publicada por Ático Ediciones. La cito pero, advierto, como ya saben quienes han leído este artículo en Kultura Urbana, que no es una novedad editorial. Como tampoco lo es “Víctimas de la moda. Cómo se crea, por qué la seguimos” de Guillaume Erner publicado por Gustavo Gili GGmoda. Pero sí es novedad, y agradable, que la editorial Electa (Random-House Mondadori) haya traducido “Iconos de Moda del siglo XX” de Gerda Baxbaum. Una ocasión de saborear pausadamente las biografías y las creaciones de setenta y cinco “grandes” de la moda del siglo pasado: empezando con Chanel, Schiaparelli, Dior, Balenciaga; avanzando con Kenzo, Karan, Moschino, Gaultier, Versace y llegando a Prada y Galliano. Ahora bien, si os hastían los sumos sacerdotes de la moda, optad por una excelente y muy práctica “Guía de la moda urbana” de Steven Vogel (Gustavo Gili, de nuevo) con entrevistas a creadores y repaso de agencias creativas, blogs, direcciones de interés y más.

Tampoco podemos olvidarnos de guías, historias edulcoradas de fashion victims o bellos libros ilustrados y, ¿quién nos lo impide?, retomar a un apocalíptico escritor de los años 90 como Bret Easton Ellis para leer ahora “Glamorama”, la novela donde aplicaba el duro esquema de “American Pshyco” al mundo de la moda.
Posdata: Otro libro imperdible va a ser el catálogo que edite el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York cuando en mayo de 2008 ofrezca la exposición “Superhéroes: moda y fantasía” con un organizador excepcional: Giorgio Armani.

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Será el espíritu navideño, será que el tiempo pasa y las suaves manos de la nostalgia acaban siempre pellizcándote el cuore, será lo que sea pero aquí estoy recomendando un libro escrito para niños de diez o doce años. Pero ¿no llevábamos todos un niño dentro? Pues venga, atrevámonos con “La invención de Hugo Cabret”, la extraña propuesta de Brian Selznick, que se sitúa entre el libro con ilustraciones, la novela gráfica o el álbum de fotos.

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La sinopsis os la transcribo tal y como reza en la página web oficial de la edición por si os diera pereza conectaros: Huérfano, relojero y ladrón, Hugo vive entre los muros de una ajetreada estación parisina de ferrocarriles. Si quiere sobrevivir, nadie debe saber de su existencia. Sin embargo, un día tiene un descuido y es descubierto por una excéntrica chica, amante de los libros, y por un viejo y amargado juguetero. Y ya nada será como antes. Un críptico dibujo, un valioso cuaderno de notas, una llave robada, un autómata y un mensaje oculto del difunto padre de Hugo son algunas de las claves de un intrincado misterio.

El autor Brian Selznick es un ilustrador que ya ha cosechado críticas buenas y un par de premios con sus obras anteriores: “The Houdini Box”, “The Dinosaurs of Waterhouse Hawkins”, “Walt Whitman: Words for America” y “Amelia and Eleanor Go for a Ride”. Selznick reconoce que encontró la inspiración para crear el mundo de Hugo Cabret después de leer “Edison’s Eve: A Magical History of the Quest for Mechanical Life”, de Gaby Wood, texto que, en palabras del propio Selznick, “contaba la verdadera historia de unos complejos autómatas a cuerda que fueron donados a un museo de París. La colección fue abandonada en un ático destartalado y, eventualmente, se tiró a la basura. Me imaginé a un chico encontrándose con máquinas rotas y oxidadas y, en ese preciso instante, nacieron Hugo y su historia”. El libro es una pequeña joya y, desde luego, los adultos la pueden saborear desde su óptica o en regresión a la niñez, a escoger.

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En mi opinión esta obra no está destinada a pasar desapercibida. De alguna forma su autor ha tenido la destreza de volver a finales del siglo XIX, a la fascinación del hombre por las máquinas y nos la traslada logrando emocionarnos en esta primera década del siglo XXI, en la que estamos peligrosamente a punto de convertirnos en pretenciosos seres tecnológicos. Hay quien ya predice la adaptación cinematográfica del libro. Yo quisiera que no se convirtiese en un Harry Potter al uso pero… la industria cinematográfica manda lo que manda aunque mande mal. De lo que no tengo ninguna duda es que estamos en un buen momento para las novelas gráficas. Para muestra este botón pero estas fiestas podéis aprovechar para haceros con otros muchos botones (por poner un ejemplo conocido con correspondiente película podemos citar a “Sin City” de Frank Miller). Pero como todo en esta vida la cosa tiene su polémica servida porque en este momento se discute la distinción entre el concepto novela gráfica y cómic. Para profundizadores natos una última recomendación: “Manifiesto de la novela gráfica” de Eddie Campbell.

A la publicidad no le faltan ni detractores ni apologistas. Tampoco le falta quien dice que a él ni fu ni fa. Esto último me resulta un poco difícil de creer porque no sé cómo se puede permanecer indiferente a una invasión sensorial tan grande.

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Puede que no veas la televisión, que no oigas la radio y que sólo leas publicaciones alternativas sin anuncios impresas en papel reciclado, donde no cobran los que escriben y quienes las leen pagan un plus para mantenerlas. Pero ¿a caso te vendas los ojos para no ver las vallas, los luminosos ni los carteles de la calle? ¿Cuándo viajas en metro cierras los ojos aunque notes que te roban la cartera? ¿Borras la marca de tu móvil a punta de navaja? ¿No has abierto jamás tu buzón o quemas los sobres y el encabezado de tus facturas?¿Arrancas de un bocado las etiquetas de tu ropa?¿Compras marcas blancas en supermercados sin nombre?

Amigos, yo creo humildemente que aunque sea para ignorar sus mensajes hay que tener en cuenta a la publicidad. Y lo creo no sólo porque llevo muchísimos años ganándome la vida en una agencia de ídem. Os lo confieso casi sin rubor porque es la verdad y porque si voy hablar de publicidad es idiota no confesarlo. También os diré que detesto el 75% de publicidad que veo y que tampoco me gusta el 100% de la que hago yo. Y además soy adicta a leer y escuchar todo lo que se escribe y se dice sobre ella, en especial las críticas. Llegados a este punto, ya me siento más legitimada a recomendaros la lectura de esta semana: “De la miseria humana en el medio publicitario” del Grupo Marcuse (Editorial Melusina). No os voy a engañar, es un libro muy bien escrito (que asienta sus bases en las corrientes del pensamiento Situacionista), muy francés y muy radical. Un aviso desde ya para capitalistas convencidos y orgullosos de serlo: abstenerse de su lectura.

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Para empezar sus autores se quejan de cómo el público desconoce los entresijos de esta actividad que nos aboca al consumismo descerebrado y a un patrón de vida suicida. Ello es debido, según su opinión, a que los medios de comunicación que deberían informarnos no pueden morder la mano de quien les da de comer. Entre los múltiples crímenes de los que se acusa a la publicidad está el engaño y la estafa permanentes, la idiotización y despersonalización del individuo, el fomento de enfermedades (la crítica a los grandes grupos médicos y a los laboratorios es absoluta). En resumen: manipulación al máximo nivel.
Los del Grupo Marcuse desenmascaran el mito de “publicidad igual a información” para el consumidor puesto que opinan que la publicidad es laudatoria y no crítica y que, además, existen oscuros pactos de deliberada desinformación promovidos por grandes marcas, empresas multinacionales y hasta gobiernos.
En este libro, que puede gustar o no, pero que está bien documentado, entre otros referentes se cita a Braudillard cuando dice que “no se consume nunca el objeto en sí mismo” sinó lo que representa, el ideal al que supuestamente nos acerca. Y eso nos embarca en un proceso tan grotesco como infinito, pues los publicistas saben bien que todo individuo que vive en sociedad anhela acceder a un status superior.
La nueva dimensión del mundo capitalista es el espectáculo. Y los publicistas, flamantes e infames nuevos sacerdotes de la nueva religión, crean espectáculo en cada nueva campaña para prometernos la consecución de todos nuestros sueños. Y un hombre sin sueños es incapaz de rebelarse. Chim-pum. Así se cierra la loca espiral del consumismo feroz.

Esta lectura os pondrá, pues, los pelos como escarpias con tanta eficacia como la mejor peli de terror y, tal vez, la reacción inmediata del lector sea pensar que es exagerado y que “yo no me dejo influir por la publicidad de una manera tan bestia”. Opino que no está de más leer este libro, revisar nuestro patrón de conducta respecto a este tema y actuar como nos dicte el cuerpo. Pero eso sí, ahora un poco más críticos que antes, lo cual nunca está de más. Y si la publicidad no puede sobrevivir a eso y es tan mala como la pintan… que el cielo la juzgue y San Risto Mejide se la bendiga.

¿Qué es el punk? No me digáis que no os lo habéis preguntado alguna vez. ¿Un estilo musical, una filosofía de vida, una moda? Mentira todo y todo mentira. El gran monstruo peludo del marketing lo convirtió en todas esas cosas y le arrebató el alma. Yo no soy punk ni aspiro, pero cuado veo a Paris Hilton o a Victoria Beckham luciendo un pretendido complemento de moda punk muevo la cabeza con cierta pena.

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Hasta aquí mi sensación al ver en qué quedo algo que, como reza el prólogo de este libro, puedo ser y no fue. Pero tal vez no valga la pena entristecerse porque esa sensación de fugacidad, de no plenitud, de desconcierto sea la esencia del movimiento punk. No sé si su autor, el componente del grupo Sex Pistols, John Lydon, está triste o feliz de haber sido uno de ellos allá por mitad de los setenta. Lo cierto es que recientemente volvieron a reunirse y armaron el revuelo necesario para que se volviera a hablar de ellos.

“Rotten: No Irish, No Blacks, No Dogs” llega a España gracias al sello RECorridos de Acuarela Editorial & Antonio Machado Libros. Si mis cálculos no me fallan las primeras ediciones inglesa y americana datan de 1994 (Hodder & Stoughton, UK y St Martin’s Press, USA) y fue reeditada de inmediato por Plexus Publishing. Al español ha llegado trece años después. Genial.

¿Es esto una historia del punk? No. Quizá ni una historia de los Sex Pistols. Anda a medio camino entre una autobiografía y una especie de obra de teatro cuyo protagonista principal es Lydon acompañado por personajes como Malcolm McLaren, Vivienne Westwood, Siouxsie Sioux, Billy Idol o Chrissie Hynde. Nada más lejos de mis intenciones decir que el autor está haciendo una caricatura de si mismo o un retrato paródico de sus contemporáneos pero el estilo es caótico, deliberadamente anarquizante, vamos, lo que se espera de un punk. Nadie crea que va a encontrar con facilidad el dato que necesita saber. Pero nadie piense tampoco en quedarse indiferente.

Rotten habla mucho de su adolescencia, de sus limitaciones e inseguridades. Parece un tipo honesto y, a veces, hasta pueril como cuando explica cómo se rompía la ropa o se quemaba los brazos con cigarrillos. Se define mil veces como un gilipollas y un cabrón. Pero también como una persona que quiere aprender de los que hacen las cosas bien. Sabe que vive en una sociedad al ritmo de consignas y slogans detestables, por eso utiliza uno como título de su libro: Ni irlandeses, ni negros, ni perros. Contradicciones las que quieras. Quizá en este embrollo se encuentre algo de verdad, el espíritu de aquellos tiempos vagando por las calles del sur de Londres.

Completando la lectura, decir que estaría bien que escucharais algún tema de los Pistols o consiguierais el documental “La gran estafa del rock and roll” de Julien Temple, que aunque contada desde la óptica de McLaren (el promotor musical que les llevó a hasta los tribunales reclamando la autoría del nombre y perdió) y con pocas intervenciones reales de los miembros del grupo, la historia no deja de ser un interesante documento.

Un cotilleo: El libro tiene intención de presentarse el próximo 15 de diciembre en Neu!Club (C/Galileo Galilei, Madrid) Grupos confirmados: Migala, Señor Chinarro, Pal, Grupo Salvaje, German Coppini, Tulsa, Ginferno, Matt Elliott, Javier Álvarez, Widow Makers y Refree. Yo no podré asistir pero espero que sea cierto y esté bien.

Y finalmente un paseillo por Youtube para escuchar a Lydon hablando de su libro en una entrevista concedida al programa The Bookshow el 3 de marzo de 1994.

Diez años después de su conversión de fanzine a título representativo de Subterfuge, las treinta y dos páginas de “Freaks in love” son reeditadas de la mano de Astiberri. Diez años de un segmentadísimo aunque torrencial boca a boca y de frases reales como “era mi cómic preferido, ¿lo conoces?”.

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Diez años, en efecto, y lo cierto es que el apaño no soporta ni el juicio de la perspectiva, ni las ambiciones creadas por el rumor callejero. “Freaks in love” reeditado: ¿era necesario? Parece claro que no, pero tampoco lo son las enfermedades venéreas o los sujetadores con tirantes transparentes, y no por ello dejan de aparecer una y otra vez en nuestras vidas.

Igual que un pequeño pedrusco rodando ladera nevada abajo y recogiendo la nieve a su paso hasta tomar una proporción desorbitada para tan leve núcleo, los recuerdos formados alrededor del tebeo de Sergio Córdoba se deshacen al recibir los primeros rayos de sol tras una década entre tinieblas. Una vez eliminado el ruido ambiental, el “obra indispensable” y el “marcó un antes y un después”, restan dos relatos costumbristas (al igual que en la última edición de Subterfuge, se incluye la historieta “Nadie te quiere ya”), cuyos personajes reflejan algunos de los socavones que dislocan tobillos en el camino de las relaciones entre personas, y en cuyas breves experiencias acaso el autor, sincero y moñas a partes iguales, permite vislumbrar un pedazo de su angustia juvenil.

El mundo que plasma Córdoba es un mundo de constantes referencias; sus años noventa, los libros y las películas, son un fin en sí mismos, nunca accesorios y siempre marcando territorio: la camiseta de Pixies, el póster de las Breeders o un pase de “El gran Lebowski”, conforman los límites de una juventud que pierde el culo por despertar el interés del semejante pero que a la hora de la verdad se muestra incapaz de comunicar nada a nadie. Se anticipa el páramo hipertextual de la actualidad, plagado de vínculos muertos e ideas a medio acabar. En este sentido la obra alcanza el objetivo -pretendido o no- de mostrar las raíces, el proyecto de una nueva sociedad débil, sin ética, emocional e intelectualmente lisiada, que afronta la vida con la misma capacidad de reacción y autoridad con la que una hoja seca recibe una tempestad.

Con sencillo y efectivo ritmo narrativo, es “Freaks in love” una cosa bien pequeña que dibuja un ambiente muy puntual y está dirigida a un público muy concreto. Un magnífico primer trabajo de juventud sin ninguna oportunidad de perdurar lo más mínimo en el tiempo.

Hay ciudades que tienen su novela. Uno piensa en París al leer Balzac, en Nueva York al leer a Paul Auster, en Barcelona al leer a Marsé. Pero también hay calles y plazas con su curriculum literario propio. ¿Podrá ser este el caso de la calle Retorno 201, en la Unidad Modelo de Iztapalapa, una de las dieciséis delegaciones en las que se divide el Distrito Federal de México?

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Con el título de “Retorno 201”, la editorial Páginas de Espuma ha publicado a Guillermo Arriaga (México, 1958). Posiblemente algún lector cinéfilo de Kultura Urbana reconoce en este nombre al guionista de “Amores perros”, “21 gramos”, “Babel” y “Los tres entierros de Melquíades Estrada”. Si uno quisiera leer al Arriaga más actual no empezaría por esta colección de once cuentos, que escribió hace veinte años aunque dio a la imprenta más tarde, sinó por títulos más recientes como “Escuadrón Guillotina” o “Un dulce olor a muerte” (Debate), y “El búfalo de la noche” (Espasa Calpe). Pero, para quien aún no el conozca como escritor, empezar por estas historias breves es un buen aperitivo que le hará desistir o continuar con los platos fuertes. En “Retorno 201”, la calle en donde creció el autor, están en embrión su temática y su estilo, además de que como piezas breves también anuncian la estructura episódica de sus historias más largas.

Arriaga, es un tipo duro que se  define como un cazador que escribe, como un tipo que por defenderse del ambiente en el que creció quiso ser boxeador, o futbolista. Por su aspecto, él podría ser uno de los tipos duros de sus películas. Habla de las calles, de las peleas, de la gente vapuleada por los puños y por la vida, habla del amor, del sexo y de la muerte, sobre todo de la muerte. Arriaga es de los que creen que hay poesía en la basura y belleza en el horror. Algunos de sus cuentos hacen temer que no haya paz en la violencia jamás pero algún jirón de ternura cuelga de sus frases. Recomiendo como ejercicio interesante tratar de encontrarlo al leer “Retorno 201”. El que lo encuentre no ganará ningún viaje de tercera a Varadero, ni un reloj de imitación pero puede que se lleve el premio más gordo: aproximarse unos instantes al pasar de la vida en un rincón de México.

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Un fragmento como pista:

Aquella noche regresó tarde. Yo dormía. Tocó suavemente la puerta y entró sin darme oportunidad de contestar a su llamado. Se sentó en el borde de la cama y me tomó de la mano. “No vale la pena reclamar –dijo apaciblemente– vale más comprender.” Su cuerpo no cargaba con el aroma del enemigo. Me besó en la frente y salió. Lloré: ya no me importaba entender su infidelidad, sino explicar su odio.
A partir de aquel día el semen ajeno se hizo parte de su olor, como si fuera una fragancia que partiera naturalmente de ella. Sin embargo, jamás faltó una noche a casa, ni mencionó la posibilidad de dejarme, y se hizo costumbre que me besara en la frente al llegar por la noche.








my opinion: a. cierto es que billy w. debería moderar mas su lenguaje. de hecho también se le deberian borrar...

Luna: krizia, soy inca la hija de jorge…no se si te acuerdas estoy impresionadisima… cuanto trabajo! olee...

Noel: Billy, caballero, no sé de qué demonios habla. ¿Qué me ha desmontado? ¿Qué se le ha censurado? Yo opino...

BillyWalsh: Por supuesto si no escribria en vano, algo que no me suele apetecer, The Prestige algo que el mismo Nolan...

Vic: “decir que The prestige es una adaptacion fallida es demostrame que jamas supiste algo de cine” Pero...

Yolanda Muelas: Hola Billy, cuidado con lo que dices si no sabes de lo que hablas. Aquí nadie censura nada (como...

billy: que no chaval que no , por mucho que censures y sigas quitando opniones libres, No tienes ni puta idea, no te...

Billy Walsh: O sea, te puede o no gustar Begins , eso es cuestion de gustos y en ese tema no entro pero decir que The...

no. 2: lieber otto, como dijo ortega: “no es eso, no es eso”

s: ya está visto.







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