Joel, un treintañero que se dedica a cobrar deudas que contraen todo tipo de personas empeñando partes de su cuerpo a cambio del éxito social, (relación con el mito de Fausto), es el encargado de cobrar esas piezas que sus dueños han vendido por un poco de fama y fortuna.
La novela, la primera de Óscar Gual (Almassora en 1976), está estructurada a través de una serie de capítulos que gozan de cierta autonomía y que funcionan como breves episodios. Historia alucinada que va más allá del relato punk hecho hasta la fecha en la narrativa española. No hablaré de influencias, todos las detectareis sobre la marcha. En cada episodio el autor corta un órgano al más estilo Tarantino reflexionando sobre la identidad humana, la música, (con recuerdos a los cassettes doble pletina y las cintas vírgenes TDK), el guión de una película que no se rodará, un programa informático, las nuevas formas de arte, un videojuego, una clásica novela negra o una delirante y paranoica fantasía. Especialmente interesante es la reflexión de nuevas formas de arte adaptadas a la nueva realidad social (bioarte, ahí está ese chimpacé al que se le ha enseñado inyectarse heroína y al que de pronto se le va a negar sumnistro). Tan sorprendente como necesaria, “Cut and roll” es una novela cachonda de difícil lectura por la sucesión de estilos. Frescura narrativa, surrealismo adictivo y mala leche. “La curiosidad te lleva a encontrar cosas no deseadas, y encontrar cosas no deseadas te lleva a desear cosas curiosas”.
Durante su vida jugó a esconderse entre la verdad y la ficción y, tras su muerte y hasta la fecha, la fama se le mostró esquiva y se escondió de él. Su obra a penas sin público y sin crítica llega hasta nosotros a través de un par de esforzados espeleólogos del gusto como Maria Eugenia Faué y Norbert Werh, y la reciente edición de la editorial Impedimenta, especializada en títulos del ayer con la fuerza del hoy.
Emilio Lascanotegui (Uruguay 1887-Buenos Aires 1966), decidió ser un día el Vizconde Lascano Tegui y jugar a un tipo de literatura tardomodernista que hoy día podemos etiquetar de freak, o no etiquetar de nada y sencillamente degustar desde las mismas estanterías en las que depositan sus páginas Oliverio Girondo o Roberto Arlt.
De Lascano se conservan muchas obras singulares e inclasificables, pero también el recuerdo de otras perdidas en extrañas circunstancias lo que aumenta su bien ganada leyenda de personaje que se inventó a si mimo. Sin embargo, lo más sorprendente es que quienes le han estudiado han logrado corroborar casi todos los detalles de tan fantástica biografía y erudita personalidad. Leer para creer.
“De la elegancia mientras se duerme” es el diario de un asesino incruento, cruelmente refinado, decadentista, exquisito artífice que pudo compartir veladas con Picasso, Modigliani, Apollinaire o el propio Vizconde que pululó entre ellos. Azarosa, astillada, asfixiante a ratos… toda la novela, desarrollada con los tópicos del subgénero de formación, no es sinó una charada que nos prepara para el macabro final entre fetichismos y leyendas urbanas de final de siglo. La elegancia entendida como puro vicio y camuflada con el falso candor del que vive fascinado por su época.
Frenesí, violencia, orgías, concursos de belleza, moda, arte, literatura y amor desenfrenado. Vuelve Octave Parango, el protagonista de “13, 99 €”, ahora como cazatalentos para una multinacional de cosméticos. Octave, cumplidos ya los cuarenta, busca chicas guapas en una Rusia descrita como una sociedad vacía que preconiza un discurso hipercapitalista, hiperindividualista y hiperterrorista: la definición misma de una cultura hipermoderna que diagnostica una sociedad enferma.
La búsqueda de una bella adolescente para su agencia de modelos, choca con el sueño prohibido de enamorarse de Lena (no sé porqué pienso en Natalia Vodianova), rubia etérea de catorce años, pecho de mármol, azul en las pupilas, e incapaz de querer por una infancia infame.
Dostoievski, Nabokov, Hedi Slimane, Kate Moss, sociopolítica, tecnoconsumidores, hedonismo globalizado, todo envuelto de literatura rápida hecha a volantazos, donde el protagonista asume su carácter prescindible en un mundo que se le presenta arruinado e inconstante.
En “Socorro, perdón” Frédéric Beigbeder confirma su capacidad de mezclar lo íntimo y casi autobiográfico con la mundialización hilarante en temas como el sexo, el dinero y la melancolía individualista, con un final sorprendente.
“Señores, nuestro objetivo es simple: que tres mil millones de mujeres quieran parecerse a la misma mujer. Y mi problema es encontrarla”. Ahí queda eso.
“Propaganda”, de Edward Bernays
Editorial Melusina [sic]
Escrito por Edward Bernays, uno de los “padres” de los conceptos de propaganda y de relaciones públicas, este es, sin dudarlo, un libro altamente recomendable por su contenido. A pesar de estar escrito en 1928 su mensaje, tal y como asegura Toni Segarra en el Prólogo, apenas ha perdido un ápice de actualidad. Y si lo dice uno de los verdaderos gurús del panorama publicitario español yo opto por lo que dije: no dudarlo.
Pero dejadme que antes de resumiros brevemente su esencia os advierta: si su lectura es recomendable, el conocimiento del perfil de su autor es apasionantemente imprescindible. Bernays nació en Austria en 1892 pero de inmediato la familia se trasladó a los Estados Unidos donde, tras una curiosa licenciatura en Agronomía, desarrolló una floreciente carrera como publicista. Pronto se hizo famosa su particular creación de las relaciones públicas que trasplantó audazmente del campo de la publicidad al campo de la economía y la política.
En 1923, este mago (o brujo, según se prefiera) en el arte de gestionar la opinión pública, escribió su primera gran obra teórica “Crystallizing public opinión”. En ella planteaba lo que a su juicio era un principio básico para asegurar la sostenibilidad de un sistema democrático: la capacidad de una minoría dirigente, responsable y cultivada para liderar la opinión de las masas en pro de un bien colectivo.
Tal vez nuestra primera reacción sea la de considerar que este planteamiento no dista mucho de reducir a la categoría de “rebaño” humano al conjunto de la sociedad y de otorgar a unos pocos la misión de dirigirlo. Cierto y por ello este personaje ha tenido detractores que lo culpabilizaron, en palabras de otro austriaco, Felix Frankfurter, de ser un “envenenador profesional de la opinión pública y explotador del fanatismo” para legitimizar la propaganda política al estilo de Franco o Hitler. Pero precisamente con gestos como rechazar trabajar para ellos, a pesar de que sus servicios fueron solicitados por ambos dictadores en la década de los 30, Edward Bernays, aplicándose su propia filosofía, supo crearse una imagen de persona intachable y honesta, con reputación de gran profesional y mejor persona.
En ese mismo sentido lo define el entusiasmo con el que trabajó gratis en una campaña anti-tabaco para hacerse perdonar su estrategia rompedora que en 1929 llevó a fumar a miles de mujeres americanas. Cuando conocí esta anécdota, me pareció un impagable ejemplo de la confianza que tenía Bernays en los beneficios sociales de una libertad y una democracia tuteladas, hábilmente manipuladas, que además dejan tranquila la consciencia del manipulador.
Según se dice en el último párrafo del libro que hoy nos sirve de excusa para hablar de este verdadero protagonista del siglo XX: “La propaganda nunca desaparecerá. Las personas inteligentes deberán reconocer que la propaganda es el instrumento moderno con el que luchar por objetivos productivos y contribuir a poner orden en medio del caos.” Amén.
En “Propaganda” podremos introducirnos ampliamente en las líneas principales de su pensamiento que alimentan algunas de las prácticas publicitarias más conocidas de la actualidad como, por ejemplo, aprovechar el “tirón” mediático de una celebridad para promocionar un producto o concienciar a la sociedad sobre un problema de seguridad o salud pública a través de campañas supuestamente basadas en estudios objetivos. Para Bernays la credibilidad está siempre por encima de la verdad porque resulta más útil para convencer al pueblo (léase público) de lo que le conviene y ese fenónemo se basa única y exclusivamente en la fuerza de un buen líder sea éste persona, marca o institución.
La propaganda en forma de persuasión es el arma de abducción masiva que el líder ha de saber manejar para domesticar las díscolas psiques de la gente. Y de eso supo mucho Edward Bernays que no sólo era austriaco sino sobrino de Sigmund Freud. Actuaron y crecieron en base a sus enunciados estadistas como Dwight D. Eisenhower, Ronald Reagan o George Bush padre, empresarios como Henry Ford, que fue su amigo y cliente, y holdings enteros como Procter & Gamble o General Electric.
Tras estas proezas recordadas por siempre jamás en este mercantilizado mundo nuestro, formar parte de innumerables comités y consejos asesores, escribir una treintena de libros y argumentar que “las mejores RRPP son aquellas de las que nadie se da cuenta”, Bernays murió en Massachussets, a los 103 años.
Que si la crisis del arroz, que si los cereales más caros, que si la gente se está muriendo de hambre de verdad por esto, el petróleo confirmando teorías conspirativas, el dólar cada vez más podrido, la inflación disparada, los tipos con aires de subida, el euribor riéndose en tu cara con las subiditas, que si menos consumo, que si más morosos, cada vez más paro, que si el calentamiento global, que si en canal satélite reponen la saga “Mad Max” cada dos por tres, que si en el metro de Madrid te regalan un paquete de galletas por tu cara bonita.
¿Estamos empezando a llegar al fin de nuestra era? Se dice que para “Apocalipsis friki” Peter Bagge se inspiró un día leyendo la prensa cuando se topó con una noticia que decía que el presidente de Corea del Norte afirmaba que tenía un misil nuclear con capacidad de alcanzar Seattle. Resulta que el autor de esta genial novela gráfica es de esa ciudad. Imagínense la cara que se le pondría si uno es muy sensible a los mensajes apocalípticos de este siglo.
Los protagonistas son dos nerds, Perry, un programador informático introvertido, y Gordo, un free-lance que entre otras cosas se dedica a hacer de camello, que residen en Seattle y deciden ir a pasar un fin de semana a la montaña. En medio de este entorno idílico les sorprende un apocalipsis nuclear perpetrado por Corea del Norte y tendrán que pasar por mil y un peripecias para tratar de sobrevivir en un entorno completamente diferente del que estaban acostumbrados en Seattle. Esta lucha por la supervivencia modificará sus personalidades y su relación.
Bagge sigue demostrando su inteligente visión irónica del mundo que le rodea recordando a su otro gran personaje veinteañero y misántropo llamado Buddy Bradley, protagonista de “ODIO”, la última gran novela generacional del siglo XX. Bagge nos proporciona un manual de supervivencia y una obra maestra del cómic underground norteamericano.
Aprendiendo de las Vegas. El simbolismo olvidado de la forma arquitectónica.
Steven Izenour, Denise Scott Brown, Robert Venturi
Colección: GG Reprints
Como nos explican en la web de la editorial Gustavo Gili, juro que no me pagan por comentar dos libros seguidos de su catálogo y lo hago motivada por el interés que despiertan en mí estos títulos, “Aprendiendo de las Vegas. El simbolismo olvidado de la forma arquitectónica” es un libro que “surgió a partir de una saludable controversia que tuvo lugar en 1972, en la que se llegó a la conclusión de que los arquitectos deberían ser más receptivos a los gustos y valores del pueblo común, y menos impúdicos en sus erecciones como ‘héroe’ de los monumentos elevados para sí mismos.” Cómo podéis comprobar por la fecha, 1972, este libro no es una novedad auque sí lo sea la decisión de reimprimirlo hoy en día.
El volumen se divide en dos partes: “Un significado para los Aparcamientos A&P o Aprendiendo de Las Vegas” y “La arquitectura de lo feo y lo ordinario o El tinglado decorado” que tratan de la grandeza y la miseria de lo urbano analizando Las Vegas más como un icono simbólico que como una ciudad concreta. Por ello mismo recomiendo este libro no sólo a los enamorados de esta ciudad americana sino a todo aquel que, como a mí misma me sucede, se halle fascinado por la tendencia humana a hacinarse en macro urbes y viva obnubilado por las trampas arquitectónico-sociales de las grandes ciudades. Partiendo que todo asentamiento humano es contra-natura, que nos quisiera nómadas, la voluntad de construir un hábitat total lleva poco a poco a la Gran Urbe, todo artificio y decorado en la que muchos urbanistas de pro se empeñan en hacernos vivir. En definitiva, y siempre según mi humilde opinión de estudiosa de Historia del Arte que no de arquitecta o similar, que el modelo Las Vegas que desmenuza este viejo libro no está en absoluto superado. Véase Marina d’Or, ciudad de vacaciones.
Propina: De uno de los coautores, Denise Scott Brown, en la misma editorial pero ahora en la colección Ggmínima, podemos leer otro buen manual de aprendizaje, “Aprendiendo del pop” que nos acerca a las claves de “Las Vegas, Los Ángeles, Levittown, los marchosos solteros de Westheimer Strip, los complejos de campos de golf, los clubes náuticos, Co-op City, los decorados domésticos de las telenovelas, los anuncios de televisión y los de las revistas de gran tirada, las vallas publicitarias y la Ruta 66 son las fuentes para un cambio en la sensibilidad arquitectónica. Las nuevas fuentes se buscan cuando las viejas formas se vuelven caducas y la salida no está clara (…). Si los arquitectos de estilo no producen lo que la gente quiere o necesita, ¿quién lo está haciendo y qué podemos aprender de ellos?”
¿Cómo sería el mundo sin el Estado de Israel?, se preguntó Chabon en una entrevista. La respuesta es que sin ese Estado no hay ningún futuro, tampoco en Alaska.
El Autor de la deliciosa novela “Chicos prodigiosos” ha vuelto con una ucronía talentosa. Escritor cercano a las los géneros “menores”, recordemos “Las asombrosas aventuras de Kavalier & Clay” dónde bebía del cómic, este amante de la literatura pulp y la cultura pop nos sorprende ahora con una incursión elegante y política en el género negro y detectivesco con unos personajes que impregnan de manera definitiva la memoria del lector como lo hace Lethem, uno de mis escritores favoritos.
¿Qué habría sucedido si tras las Segunda Guerra Mundial no se hubiera creado el Estado de Israel? Chabon nos cuenta de manera magistral una historia alternativa que sitúa en un distrito llamado Sitka (Alaska), espacio temporal dependiente de Estados Unidos, donde una serie de acontecimientos arrastran de nuevo a la comunidad judía a un destino incierto. Y aquí aparece el detective Landsman, protagonista cercano al hard boiled, dispuesto a hacerse cargo de la investigación de un asesinato que puede cambiar la amarga situación del pueblo judío. Una muerte que oculta una conspiración de gran alcance cuyas consecuencias no solo afectarán el presente de Landsman sino, también, el destino del llamado Distrito Federal de Sitka, próximo a ser recuperado por Alaska y anexado a los Estados Unidos de América.
Formalmente muy estudiada y elaborada, “El sindicato de policía yiddish” es una novela no solo divertida y original, sino que también realiza una crítica a la sociedad actual adelantándose a futuros apocalípticos en la descripción de tensiones y discrepancias entre diferentes comunidades y bandas que conviven en guetos miserables y depresivos. Además, en la edición estadounidense la portada de la novela ha sido seleccionada como una de las mejores del 2007 (Diseño de Will Staehle).
“He who dies with the most toys, still dies” (El que muere con los mejores juguetes, igual muere) Frase popular hawaiana
Editado por Gustavo Gili en su brillante colección, GGmoda, éste es un libro imprescindible si queremos conocer con cierta profundidad de análisis hacia dónde se dirige la tendencia del lujo en la sociedad capitalista y de consumo del siglo XXI.
Como históricamente el lujo se ha interpretado como un concepto francés, ¿puede que uno de los mayores aciertos del libro sea que está escrito por una francesa? Marie-Claude Sicard es profesora en la Sorbonne, experta en estrategias de marca y asesora de varias empresas francesas e internacionales. Además del presente también ha publicado “Ce que marque veut dire” y “Les ressorts cachés du désir, trois issues à la crise des marques”.
He de decir desde este mismo instante que “Lujo, mentiras y marketing” me ha parecido un libro excelente que ofrece mucho más de lo que promete el título, porque no se reduce a un estudio sociológico o económico del fenómeno lujo sino que es un verdadero breviario de la historia del concepto en Europa y sus ramificaciones en el resto del mundo. Pero, haciendo referencia al título de la reseña, opino que el gran valor del libro para el lector, tal vez poco avezado en las estrategias de venta pero consumidor al fin y al cabo y “victim” de las mismas, reside en la claridad meridiana con que se explican aquellas “trampas” o “espejismos” para la clase media que se cree aceptada democráticamente en una clase superior a través de la adquisición de cierto (falso) lujo. Y hasta aquí puedo leer. Más y mejor en el interior de estas páginas.
A pesar de que parecen gozar de buena salud, la autora no se complace en cantar los logros de las grandes marcas de lujo, en especial las de su patria, una actitud poco chauvinista que la honra ante los ojos del lector, e incluso denuncia y marca los puntos de inflexión o quiebra de muchas de las estrategias del sector.
El lujo inyecta valores añadidos casi invisibles a los objetos, lugares y situaciones que sin ellos perderían parte de su atractivo, y entonces se entra en una especie de ritual en el que hay un consentimiento implícito en pagar ese valor superfluo pero significativo para la diferenciación social por estatus o para la satisfacción de un vacío emocional. Desmotado el sutil mecanismo con el que los gurus de la mercadotecnia dotan a las marcas elite y señalando las zonas de saturación, Sicard concluye su libro con una buena dosis de confianza en un cambio hacia otro tipo de consumidores del lujo, describiendo otro paisaje menos superfluo y banal más cercano al concepto calidad de vida y acorde, tal vez, con la frase de la mítica Cocó Chanel: de un lado están las personas que tienen dinero y del otro las personas ricas.
Puede que esté feo hablar de un libro cuando se reseña otro pero en este caso es imprescindible recordar y recomendar “Trading up: the transforming power of new luxury” (Penguin) de Michael Silverstein y Neil Fiske que acuñaron el concepto New Luxury americano o “neo-lujo” para los productos que con precios inferiores a los exclusivos pero de tres a cinco veces más caros que los precios de los productos para la masa se situaban con fuerza en las principales categorías de consumo. La técnica marquetiniana no era nueva (el terrible gancho aspiracional que atrapa al comprador medio es viejo como el mercado) pero a principios del siglo XXI alcanzaba un perverso perfeccionamiento.
¿No tienen la sensación que la literatura española actual, la mediatizada, la de los mass media, son como los funcionarios de su Ayuntamiento que aunque haya cambio de gobierno, siempre son los mismos? Pues eso me ha ocurrido a mi estos últimos años con los escritores nacionales.
Mi interés hacia nuevas formas narrativas, me llevaba directamente hacia Norteamérica para leer novelas frescas e innovadoras y con capacidad de análisis y crítica del mundo que vivimos. Autores como Pynchon, Roth, DeLillo, Foster Wallace, Chuck Pallahnuck, Chabon, etc., se encuentran en un lugar preferente en mi biblioteca personal por hacerme pensar y mirar con espíritu crítico la sociedad que nos han impuesto.
Estos últimos años comencé a leer novelas de jóvenes escritores españoles como Gabi Martínez (”Ático”), Javier Calvo (”El Dios Reflectante”), etc, y descubrí que eran diferentes, sí algo nuevo, algo que buscaba desde hacía mucho tiempo. Su actual repercusión en los medios ha sido gracias al esfuerzo de estos escritores/bloggers que han sabido de manera magistral conectar con un lector ávido de otro tipo de novelas y lo más difícil han atraído el interés de las revistas y suplementos literarios más comerciales del país, (Babelia, El Cultural, etc.) El gran trabajo de difusión se lo deben en gran medida al trabajo de Fernández Porta (”Afterpop”) y Vicente Luís Mora (”La Luz Nueva”) y a los señores Ortega y Ferré, (”Mutantes, narrativa española de última generación”), mediante deliciosas hojas de ruta que nos confirman que lectores como yo no estábamos mal encaminados. Han hecho un trabajo similar al de Dave Eggers en EEUU y lo han conseguido.
“Nocilla Experience”, de Agustín Fernández Mallo (Alfaguara), es la segunda entrega de la Trilogía “Proyecto Nocilla”, la primera fue “Nocilla Dream”, que editó Candaya. Sinceramente, me gusta más si cabe, esta segunda parte que la primera. “Nocilla Experience” es una novela impresionante. Hay fragmentos memorables, de una asombrosa inteligencia, (me quedo con el fragmento nº 18, entre otros). Emocionante, excitante, divertida, deseas que nunca acabe. Es postmodernista a rabiar, muy pop y actual que a la vez cercana. Desde aquí mis felicitaciones al señor Mallo.
La novela es radical en su composición, avisados están, luego no se quejen, (ya sabemos que lo vanguardista no es nuevo, léase a Borges, ¿y?). A partir de ahí, disfrutarán de historias intermitentes con interferencias culturales de todos los ámbitos, (cine, música, física, matemáticas y pura literatura), descripción atroz de la realidad. Es un compendio de extraordinarios personajes dentro de historias bellas y radicales, sin límites, sólo el azar del parchís como límite. La nueva era ya está aquí, ¡agárrense!, momentos históricos nos avecinan. Yo ya tengo palomitas.
Tarde o temprano había que hablar de ellos en un espacio como este. El ensayo, va por delante: excelentemente escrito y utilísimo de José Miguel G. Cortés titulado “Gilbert & George, escenarios urbanos”, nos da la oportunidad de hacerlo. El libro apareció en un momento idóneo, finales de 2007, coincidiendo con la exposición que la Tate Modern de Londres ofreció sobre la obra de estos singularísimos hijos de la Gran Bretaña (aunque uno de ellos nació en Austria) y perfectos representantes del underground inglés. A mí me parecen como unos Warhol europeos menos fashionables y mucho, muchísimo más corrosivos, más listos para los tiempos que corren.
Son dos hombres irreductibles que se reducen a uno. Son Gilbert Proesch (1943) y George Passmore (1942) que decidieron comportarse como siameses en 1967 y así siguen. Viven juntos desde entonces, hacen todo juntos y lo que les hace sin duda únicos: crean juntos. Vestidos iguales, con trajes clásicos y sencillos, son la viva imagen de la más pulcra de las normalidades y el más recalcitrante de los conservadurismos. Ningún detalle en su aspecto ni en sus formas hace sospechar nada transgresor o excéntrico pero resultan inquietantes en grado sumo. Actúan como verdaderas esponjas urbanas, alimentándose de todo, fagocitando su entorno y devolviéndolo en imágenes de las que decir que provocan es no decir casi nada, quedarse en la superficie. Su arte no ha dejado títere con cabeza por reflejar de la sociedad en la que viven: religión, fanatismo, publicidad, moda, política, violencia, homosexualidad, terrorismo, … Se les ha acusado de blasfemos e incorrectos. Pero como suele ocurrir con este tipo de artistas han pateado lo establecido y lo establecido ha acabado por rendirles homenaje.
G&G se implican de tal manera en su obra que casi siempre forman parte de ella físicamente (esculturas vivientes, recurrente presencia de sus fotos en sus montajes, protagonizando su videos…). Han llegado a una absoluta fusión entre el artista y su arte. Sus caras y sus cuerpos, vestidos o desnudos, pueblan toda su obra reproduciéndose como fotocopias infinitas. Burla burlando el academicismo, siempre huyen de los ambientes cool de los entendidos. Al parecer, el interés de Gilbert y George por la cultura urbana responde a la voluntad de hacer “arte para todos”, que “trascienda las barreras del conocimiento y hable directamente a la gente sobre su vida y no sobre sus conocimientos de arte”.
Caleidoscópicos, fragmentarios, frenéticos… ¿Una pequeña pista de su discurso artístico? En una de las entrevistas que reproduce el libro explican una de sus obras más polémicas: un cruz hecha de mierda. En su opinión son muchos los que se mueven alrededor de ese símbolo sin ningún respeto y sin que pase nada. Les parece que una cruz de diamantes es igual de inmunda que una de excrementos. Si Dios es algo también es mierda, creen. Dos tipos imperturbables que, sin embargo, son capaces de pasar por todos los estadios emocionales, alrededor de los que gira Londres, Inglaterra, el mundo,… todos los escenarios urbanos. Leer el ensayo de José Miguel G. Cortés nos ayudará no sólo a conocerlos sinó a reflexionar sobre el arte de vanguardia, hoy, ahora.
Como de costumbre aprovecho el libro para escribiros unas palabras sobre la editorial. Nerea es un sello vasco avalado por veinte años de sólida tarea y que no defrauda a los buscadores de libros de calidad sobre historia, arte y arquitectura. Su catálogo brilla con títulos imprescindibles como “La psicología de los objetos cotidianos” de Donald A. Norman, que registra ya su tercera edición castellana. Merecen destacarse la colección Mujer en la Historia y Arte Hoy, a la que pertenece el libro reseñado aquí, y que ofrece, a un precio interesantísimo, hasta el momento 21 estupendos títulos monográficos.