Lo dice el Eclesiastés. (Pronúnciese esta última palabra con un golpe angélico en el paladar de no te menees). "Y dediqué mi corazón a investigar y a explorar con sabiduría todo lo que se hace debajo del cielo". Ese mismo cielo que abrió tu corazón, para que entrase ÉL, más rápido que una bala o un bisturí. Fabio de Miguel, que recupera su verdadero nombre, en una suerte de caída del caballo de San Pablo, celebra su explosión pictórica al mismo tiempo que su misticismo estético impregna cada paso. Seguramente en la pintura, ese acto tan íntimo y revelador, alejado de las otras facetas más exhibicionistas del artista, Fabio se encuentra, se recrea y modela su presente con toda la huella de SU futuro. Su nueva serie Sideral Trash-Luxury es "la marca de la casa", la iconografía religiosa está detrás, del lapislázuli manto de la Inmaculada Fabio recoge una pincelada y le cose unas trans-generosas cejas a una Marilyn-Andy ovalada.
La Santa Movida se terminó, él que más tiene que contar es el que menos ha contado, y dejemos, pues, que Fabio siga su particular camino: único, respetable, rebelde y al final profundamente íntimo. Los "alucines" de Fabio (expresionistas, operación glitter, geometría fantasticular) se entienden perfectamente al visionar su estudio: al lado de un Cristo recién nacido, kitsch por esencia, la Nefer-Tetas poderosa, cerca de un óleo mariano de fuerza neón-barroca la foto de otra sacerdotisa, por la que reza siempre su amigo, llamada Tino Casal. Monseñor Antonio María Rouco Varela: le propongo que los murales de la Catedral de Madrid, pastiches de Kiko Argüello, sean sustituidos por otros de Fabio de Miguel. Así uno, entre la primera y la segunda lectura, se deja tremolar por el ardiente corazón bermellón de purpurina.