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Ausencias en el espacio. ‘Pergola’ en el Palais de Tokyo

Alberto García del Castillo

¿Dónde está mi pérgola?

Tras ‘Chaising Napoleon', el Palais de Tokyo de París articula una exposición entorno al espacio -o los espacios-. De nuevo historias pequeñas que se vuelven trascendentales permiten guiar al artista en sus indagaciones para dar como resultado la muestra ‘Pergola', que podrá verse hasta el 16 de mayo con las ventajas de una sala que permanece abierta hasta medianoche.

Le Corbusier otorga la pista de la ausencia en el espacio; en 1916 el arquitecto proyecta Villa Schwob en La Chaux-de-Fonds (Suiza), si embargo, años más tarde, en una publicación en la revista L'Esprit Nouveau, él mismo se encargará de retocar las imágenes para eliminar la pérgola que rodeaba la casa en una clara voluntad de adaptarse a las tendencias funcionalistas afirmando, además, que "la fotografía y la representación gráfica construyen otra arquitectura en el espacio de la página". Hace unos años el periodista iraquí Muntazer Al-Zaïdi laza sus zapatos a la cara de George Bush, la concepción espacial de ‘Pergola' se alimenta de una verdadera expresión de existencia en el espacio público; el gesto del periodista se encarga de trazar una línea de ocupación del espacio escénico, tomando como escena la vida cotidiana.

A partir de aquí Valentín Carron propone ocupar la sala principal, plena de muros verdes y arcaizantes esculturas contemporáneas de salón hechas en polietileno, imitando mármoles y metales. Jugando con el imaginario del arte contemporáneo y del folklore, Carron arroja una visión cómica y pop de la desaparición. Una retrospectiva de Charlotte Posenenske documenta su pieza ‘Vierkantrohre'; en las series ‘D' y ‘DW' (1967), cuatro grandes piezas de cartón estaban a disposición del espectador para manipularlas y ser posteriormente unidas poniendo en peligro el espacio propio a la industria. Raphaël Zarka reflexiona sobre la apropiación del espacio público por los skaters, se sumerge en las relaciones entre la geometría de las rampas y las piscinas californianas vacías que son su origen. Sobre la cafetería del Palais de Tokyo, Serge Spitzer usa un sistema de transporte de documentos propulsados gracias a bruscos cambios de presión dentro de un entramado de tubos; el sistema queda huérfano de su utilidad, cuestionando el lugar de la estructura y de la institución.

Y last but not least, a la entrada del Palais de Tokyo se expone giganta un zapato-monumento dorado creado por Laith Al-Amiri.

 

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