Joel, un treintañero que se dedica a cobrar deudas que contraen todo tipo de personas empeñando partes de su cuerpo a cambio del éxito social, (relación con el mito de Fausto), es el encargado de cobrar esas piezas que sus dueños han vendido por un poco de fama y fortuna.

La novela, la primera de Óscar Gual (Almassora en 1976), está estructurada a través de una serie de capítulos que gozan de cierta autonomía y que funcionan como breves episodios. Historia alucinada que va más allá del relato punk hecho hasta la fecha en la narrativa española. No hablaré de influencias, todos las detectareis sobre la marcha. En cada episodio el autor corta un órgano al más estilo Tarantino reflexionando sobre la identidad humana, la música, (con recuerdos a los cassettes doble pletina y las cintas vírgenes TDK), el guión de una película que no se rodará, un programa informático, las nuevas formas de arte, un videojuego, una clásica novela negra o una delirante y paranoica fantasía. Especialmente interesante es la reflexión de nuevas formas de arte adaptadas a la nueva realidad social (bioarte, ahí está ese chimpacé al que se le ha enseñado inyectarse heroína y al que de pronto se le va a negar sumnistro). Tan sorprendente como necesaria, “Cut and roll” es una novela cachonda de difícil lectura por la sucesión de estilos. Frescura narrativa, surrealismo adictivo y mala leche. “La curiosidad te lleva a encontrar cosas no deseadas, y encontrar cosas no deseadas te lleva a desear cosas curiosas”.


