Glasgow infestada de caníbales, chicas guerreras y música de Adam & the Ants: si esta cinta de ciencia-ficción no es el estreno más punk del verano, que baje John Carpenter y lo vea.
Con solo tres películas en su haber, Neil Marshall se ha convertido en una suerte de Oasis cinematográfico: el emblema de una nueva (y joven) forma de hacer las cosas en Gran Bretaña, sin nada parecido a un discurso autoral, pero con esa clase de carisma proletario al que resulta tan difícil resistirse. Su primera película, “Dog soldiers”, no era tan brillante como “Definitely maybe”, pero poseía la misma energía salvaje del debutante dispuesto a comerse el mundo. “The descent” y “(What’s the story) Morning Glory?” fueron rotundas confirmaciones, por lo que “Doomsday” no tiene más remedio que ser el “Be here now” de Marshall: su egotrip, su sinfonía desmesurada, su manera de tirar de casa por la ventana ahora que, por fin, puede permitírselo. Este crítico siempre ha sentido un cariño especial por el tsunami psicodélico (en el sentido más amplio de la palabra) de Noel Gallagher, así que no le queda más remedio que reivindicar un trabajo desorbitado y algo fallido que, no obstante, podría considerarse también como el “Planet Terror” de su director. “Doomsday” no oculta su condición de gigantesca celebración de casi todo lo que vale la pena en esta vida: “2000 AD”, el maestro Carpenter, el punk, la segunda parte de “Mad Max”, la ficción posapocalíptica, las chicas armadas con hachas… El resultado es un totum revolutum que resulta algo indigesto si se observa desde la distancia, pero al que ningún aficionado al fantástico con buen gusto le podría poner demasiados peros. No es un placer culpable, sino un placer sin más: ver a Malcom McDowell interpretando a Sean Connery interpretando a Kurtz, por ejemplo, constituye por sí sola una razón para pagar la entrada. Cabe esperar que Marshall sepa reponerse de esta borrachera y no siga el camino de autoindulgencia que caracterizó a los Oasis post-“Be here now”: ahora mismo, y aún con los defectos de su última obra, es el cineasta vivo más cool de Inglaterra.



