Decir que el último trabajo del coreano Kim Ki-duk que se estrena entre nosotros es un musical romántico no sería del todo cierto, pero tampoco es una manera equivocada de enfrentarse a una película esquinada y exigente como ella sola.
En el cine de Ki-duk, la clave suele estar en el margen, en la anécdota cargada de sentido. Así, “Aliento” contiene un insospechado gimmick que (quién lo iba a decir) acerca al director de “Samaritan girl” a los perversos juegos autorales de Alfred Hitchcock: el propio Ki-duk se reserva un pequeño papel, el del jefe de seguridad de la cárcel donde se desarrolla la mayor parte de la acción, que le permite reflexionar sobre su condición de demiurgo de romances al límite (posible leitmotiv de su filmografía). Cuando Jang Jin, el preso condenado a muerte que ha perdido las ganas de comunicarse; y Yeon, la esposa incomunicada, se reúnen en la sala de visitas para lamerse sus heridas, es el propio Kim Ki-duk (o, más concretamente, su reflejo en la pantalla de un ordenador) quien maneja la videocámara de vigilancia, eligiendo los encuadres y decidiendo en qué momento pulsar el botón para que el guarda separe a los amantes. Un juego perverso, situado en el centro de un drama psicosexual áspero y gélido como la pared de una celda.
Todo el que considerase que el simbolismo del cineasta se había rendido a la obviedad estaba equivocado: “Aliento” es una película lo suficientemente esquiva y abierta como para generar debate y abrir diversos frentes en torno a su poética extraña. La pareja protagonista resulta increíblemente convincente en la piel de dos animales heridos a punto de asfixiarse, que solo consiguen tomar aliento a través del simulacro (las canciones ambientadas en diversas estaciones del año, que nos acercan tanto al musical como a la anterior “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera”). Tan escueta en su duración como densa en su contenido, “Aliento” está lejos de ser una película cómoda y accesible, pero sabe recompensar con creces a los que se dejen llevar por ella hasta el final.



