El primer largometraje de Nacho Vigalondo llega tarde, pero llega. Su éxito internacional no era casualidad: la suya es una película de ciencia-ficción insólita, fascinante, compleja y rabiosamente original.
El clímax final de la segunda parte de “Regreso al futuro” demostró que, en el cine, la paradoja temporal (o su simple posibilidad) puede ser el recurso más divertido para practicar el metalenguaje. No resulta difícil detectar los ecos de esa obra maestra de Robert Zemeckis en la premisa de “Los Cronocrímenes” (un hombre que acaba de viajar al pasado por accidente se ve a sí mismo en el jardín de su casa), pero quizá esa sea una reflexión que surge a posteriori: no hay tiempo en estos compactos noventa y pico minutos para buscar referentes, más que nada porque estaremos viviendo una de las experiencias más originales y absorbentes del año cinematográfico.
A lo largo de su ya intensa carrera, Vigalondo ha demostrado una capacidad pasmosa para convertir cualquier sesudo concepto de hard sci-fi (los universos paralelos, el hiperrealismo futurista) en algo tremendamente divertido y chispeante. “Los Cronocrímenes” es la culminación de esa tendencia: un tren eléctrico que descubre mil y una posibilidades para recorrer (de formas progresivamente más asombrosas) el reducido espacio que tiene para circular. Es esta una de esas raras películas que ya generan iconos (¡la momia rosa!) antes de ser estrenadas, o que son capaces de moverse entre géneros y tonos antitéticos con la soltura de un equilibrista sobre arenas movedizas. Resulta muy difícil resistir la tentación de perderse en el bosque (y en el tiempo) con Karra Elejalde y Bárbara Goenaga, mucho más cuando el resultado es una cinta excepcional, que solo sigue sus propias reglas y confía en sí misma lo suficiente como para reservarse una auténtica bomba para el ultimísimo minuto.




Junio 27th, 2008 - 11:25
por fin Cronocrímenes en España!!!
este finde motiva ir al cine.
Saludos!