Ya era hora, por fin llega a Europa el mando que debería haber acompañado a la Playstation 3 desde el principio, en vez del discutido Sixasis. La fecha de salida es el 4 de julio a un precio de 50 euros. Recordaos que no todos los juegos de la consola de Sony harán que el nuevo mando vibre, no va a ser todo perfecto, y menos hablando de la PS3.
El primer largometraje de Nacho Vigalondo llega tarde, pero llega. Su éxito internacional no era casualidad: la suya es una película de ciencia-ficción insólita, fascinante, compleja y rabiosamente original.
El clímax final de la segunda parte de “Regreso al futuro” demostró que, en el cine, la paradoja temporal (o su simple posibilidad) puede ser el recurso más divertido para practicar el metalenguaje. No resulta difícil detectar los ecos de esa obra maestra de Robert Zemeckis en la premisa de “Los Cronocrímenes” (un hombre que acaba de viajar al pasado por accidente se ve a sí mismo en el jardín de su casa), pero quizá esa sea una reflexión que surge a posteriori: no hay tiempo en estos compactos noventa y pico minutos para buscar referentes, más que nada porque estaremos viviendo una de las experiencias más originales y absorbentes del año cinematográfico.
A lo largo de su ya intensa carrera, Vigalondo ha demostrado una capacidad pasmosa para convertir cualquier sesudo concepto de hard sci-fi (los universos paralelos, el hiperrealismo futurista) en algo tremendamente divertido y chispeante. “Los Cronocrímenes” es la culminación de esa tendencia: un tren eléctrico que descubre mil y una posibilidades para recorrer (de formas progresivamente más asombrosas) el reducido espacio que tiene para circular. Es esta una de esas raras películas que ya generan iconos (¡la momia rosa!) antes de ser estrenadas, o que son capaces de moverse entre géneros y tonos antitéticos con la soltura de un equilibrista sobre arenas movedizas. Resulta muy difícil resistir la tentación de perderse en el bosque (y en el tiempo) con Karra Elejalde y Bárbara Goenaga, mucho más cuando el resultado es una cinta excepcional, que solo sigue sus propias reglas y confía en sí misma lo suficiente como para reservarse una auténtica bomba para el ultimísimo minuto.
Sónar 2008, otro año más, esta vez celebrando el 15º aniversario con una cartelera repleta de residentes como Jeff Mills, Miss Kittin y Ángel Molina. Aunque este año la programación contó con nuevos factores, como el ¨factor femenino¨ o el ¨bastardismo musical¨.
En el lado de las féminas destacaron artistas como Camille, uno de los platos fuertes de esta edición, así como Chloe, Yelle, Goldfrapp, Róisín Murphy, The Dulocks y Northern State entre otras propuestas. Por su lado el ¨bastardismo musical¨ agrupó a varios artistas audiovisuales que recuperan el pasado para cambiar nuestra percepción del cine, la imagen y la música. Su trabajo lo pudimos ver dentro de SonarMática.
El juevesa las 16:00hLittle Dragon y su vocalista Yukimi Nagamo trajeron al Village aires de jazz con sonidos frescos de soul y pop. Su música es una juxataposición entre lo tradicional y lo tecnológico. Música de ensueño para viajar a lugares llenos de posibilidades. Poco más tarde “Los Impresentables”, como se llamaron ellos mismos en su actuación, dieron a la tarde del jueves un poco más de ritmo. “Los Impresentables¨ es el nombre del disco de Los Chacho Brodas, el proyecto de DJ Griffin, que apareció acompañado a los platos y samples por Kiroge. Al frente estaba Aqeel, Mbaka y Tremendo, con su propio estilo de hip hop español. A eso de las 19:00h. Christopher d Ashley presentó su album ¨Cruel Romantics¨. Acompañado de su banda ofreció un oscuro viaje de ambiente electro, melódico y oscuro que recordó por momentos la era de New Order y Depeche Mode. Tienen temas buenos y de momento no son uno de los grupos mimados de la NME (la apariencia de los músicos más bien huye de la estética de grupo hype), pero el directo solo sirvió para hacer algún bailoteo y poco más. Seguir leyendo esta noticia
Aykut Erol es el responsable de que por fin podamos aprovechar al máximo el espacio de nuestra habitación sin sacrificar en lo más mínimo el diseño, de hecho, será lo más de lo más. Su propuesta, que lleva el nombre de Line (sencillo como el invento en sí), consiste en una base de metal que podemos adaptar según nuestras necesidades. Así que podemos tener, todo incluido, una lámpara, un perchero, una silla, estantería, base de televisión u ordenador, marco, y así hasta donde nos de la imaginación.
La Masa 2.0 aterriza en nuestras pantallas como confirmación de una posible edad de oro para el superhéroe cinematográfico en general, y para las películas Marvel en particular. Sin duda, el futuro es gamma.
Es posible que aún sea pronto para que nos demos cuenta, pero el primer vuelo de Iron Man en la gran pantalla fue el inicio de algo grande: por primera vez, una gran producción basada en un superhéroe relativamente desconocido por el gran público se convertía en un éxito rotundo. La película de Jon Favreau supuso, también, la primera piedra de una nueva y ambiciosa estrategia por parte de Marvel, empeñada en convertir sus adaptaciones cinematográficas en una versión más grande que la vida de su complejo universo tebeístico (ahí estaba, por ejemplo, ese Nick Furia anunciando lo que vendrá al final de los créditos). El siguiente paso era crítico y tremendamente peligroso: resetear uno de los grandes iconos en la memoria del aficionado, es decir, volver a estrenar un “Hulk” sin tener en cuenta la adaptación que Ang Lee filmó hace ya cinco años. Por fortuna, Marvel ha vuelto a dar en el clavo: es posible que “El increíble Hulk” no sea esa película de superhéroes definitiva que el estudio anhela, pero es un paso de gigante (verde) en la dirección adecuada.
Conviene dejar claro que esta nueva versión no supone una renovación radical de la que vimos en 2003, sino una suerte de secuela apócrifa en la que el director Louis Leterrier y el actor (¡y co-guionista!) Edward Norton pueden permitirse el lujo de resumir el origen del personaje en unos deliciosos créditos iniciales. Ambos manejan los mismos ingredientes que Lee en su blockbuster de autor, pero la mezcla es un poco distinta: se nota que Norton quiere profundizar en el arquetipo del doble oscuro, pero Leterrier y su soberbio olfato para la acción y el gran espectáculo acaban ganándole la partida. Para hacernos una idea, “El increíble Hulk” concluye con un sensacional festival de mamporros entre dos brutotes digitales, que utilizan Nueva York como su ring particular. Presencias secundarias de superlujo, guiños tamaño Abominación a los marvelitas y un epílogo prometedor acaban dando forma a un elegante blockbuster veraniego, aunque a la Casa de las Ideas aún le falte riesgo y locura para dar con la Gran Película Marvelita.
WOLF PARADE
At Mount Zoomer (Sub Pop / Houston Party)
Wolf Parade son una banda indie-rock de Canadá con base en Montreal. Están en Sub Pop Records, el sello del Modest Mouse Isaac Brock y “At mount zoomer” es su segundo larga duración. La banda está dirigida por dos bestias creativas llamadas Spencer Krug (también de los Sunset Rubdown y Frog Eyes) y Dan Boeckner (de los Handsome Furs) que combinan dos estilos opuestos de componer, el resultado: un synth-power rock de belleza primitiva y caótica composición.
Después de su anárquico debut, “Apologies to the Queen Mary” (2006), que venía cargadito de folk, pop y rock, en este “At mount zoomer” exploran nuevos horizontes, cosa que se agradece, suenan más oscuros, por momentos hasta desagradables, y como dirían ellos mismos, sin singles accesibles y facilones. “Soldier´s Grin”, en una línea new-wave, “Call it ritual”, tema con el cual parecen querer desahogarse a base de guitarras y coros rabiosos, o “Fine Young Cannibals”, que suena a Roxy Music, son una muestra de lo que contiene este álbum, pero ante todo destacan los once minutos de descontrol de “Kissing the beehive”, indescriptible.
Wolf Parade han parido un disco difícil de clasifica y grabado la mitad de los temas en la iglesia-estudio de los Arcade Fire. Y ahora me pregunto, ¿quién dijo que segundas partes nunca son buenas?
THE LONG BLONDES
Copules (Rough Trade)
En 2006 The Long Blondes, un quinteto de Sheffield con mucha actitud ochentera, descaro y una front-woman, Kate Jackson, con mucho charm, fueron proclamados por críticos musicales como la “Best Unsigned Band in Britain”. Plasmaron su estilo en su debut “Someone to Drive you Home” y un claro ejemplo de su actitud chic-electro es el tema “Weekend without Makeup”. Dos años más tarde nos presentan “Couples”, producido por el DJ/productor Erol Alkan, que ha sido capaz de reinventar a The Long Blondes y darles una nueva oportunidad de convertirse en la mejor banda de pop de UK. Parece que el “maquillador” Alkan ha conseguido que los de Sheffield pongan los pies en la tierra y se olviden de ese glamour con olor a los 80. En “Couples” consiguen mezclar a la perfección el pop con los synths más molones, y las melodías limpias con coros infecciosos. “Century”, primer single de “Couples”, o “Round the hairpin” son temas minimalistas y bailables, en la línea de los Ladytron por ejemplo. “Too clever by half” están en el rollo de bandas como Glass Candy o Chromatics del sello Italians do it Better. Pero si un tema destaca, ese es “Here come the serious bit”. Si buscas sofisticación, estilo y descaro “Couples” será imprescindible en tu colección.
MYSTERY JETS
Twenty One (679 Records)
La responsabilidad que supone un segundo álbum después del hype de “Making dens” o la polémica en torno a la salida voluntaria o forzada de Henry Blaine, guitarra y padre de Blaine, cantante y principal compositor (aunque salga en los créditos de la mitad de las canciones de “Twenty one”) parecían que iban a poner en aprietos al ahora cuarteto de Eel Pie Island en Twickenham. Pero la cosa no es así, no sé si será coincidencia pero los Mystery Jets suenan más frescos que nunca y firman un álbum espectacular.
“Twenty one” es un soplo de aire fresco, inmediato y directo, un disco hecho por y para la juventud. Un claro ejemplo es “Hideway”, tema que abre el disco, con esas sirenas y sintetizadores que se mezclan entre sí, y en el que podemos apreciar la contribución de su productor, cómo no, Erol Alkan de nuevo. “Young love”, primer single oficial, es un temazo que habla de las complicaciones que surgen en una relación de una noche, un himno juvenil en el que colabora Laura Mailing. Aunque la gran sorpresa del disco es “Two doors down”, un hit directo, que bebe de los 80 en el que hay un claro guiño a Genesis. También destacan “Behind the bunhouse” o “Half in love with Elizabeth”.
“Twenty one” es un disco sin pretensiones, sencillo y sobre todo divertido. Un must con todas las de la ley.
Se dice que la memoria es selectiva, pero aparte de eso estos días post Daydream estoy convencido de que también es imaginativa, como se dice a veces, te juega malas pasadas. Pues conmigo esta semana juega, así sin más. Porque por más que quiero volver al escenario Movistar para revivir el magnífico concierto de Radiohead (sin el uso de YouTube claro) me resulta imposible, y no porque no recuerde nada, sino porque se me escapan detalles y se pierden segundos e instantes, y no lo puedo soportar. Así que todo lo que viene a continuación puede que se parezca a la realidad o puede ser solo pura coincidencia.
Nos pilló el fin de semana sin haber comentado el tercer y último día del Primavera. Aquí va la crónica de algunos de los conciertos que se pudieron ver ese día en el Fórum.
Scout Niblett (17:15 – Auditori): Desde que Emma Louis Niblett editó, en 2007, el magnífico “This fool can die now” (uno de los mejores álbumes del año pasado), no han sido pocos los críticos que la han catalogado como la nueva PJ Harvey y han afirmado que es la reencarnación de Kurt Cobain. Después de su concierto en el Auditori me lo creo. Ella (cantando y tocando la guitarra eléctrica), con la única compañía de un chico que tocaba la batería, consiguió ponernos a todos la piel de gallina y un nudo en la garganta durante toda la hora que duró el concierto. No fuimos pocos los que derramamos lágrimas con “Kiss”. El mejor concierto del Primavera Sound 2008. Seguir leyendo esta noticia
Los miembros de un jurado deben decidir si un joven es culpable o no del horrible crimen del que se le acusa. Hasta aquí, más o menos, llegan las similitudes con el clásico de Sydney Lumet: esto es “Doce hombres sin piedad” como nunca antes la habías visto.
El texto teatral de Reginald Rose, excelentemente canalizado en 1957 por un director y una docena de actores en estado de gracia, ya se ha convertido casi en una situación típica, en algo que un crítico pedante podría calificar de relato mítico de nuestro tiempo, pero que quizá no sea otra cosa más que un cliché. Así, hemos visto recreaciones de “Doce hombres sin piedad” en los lugares más insospechados: aquel episodio de “Los Simpsons” en el que Homer votaba ‘inocente’ para poder pasar una semana gratis en un hotel, un especial de navidad de “Veronica Mars”, incluso una celebrada parodia de “Muchachada Nui” con Paris Hilton. A estas alturas, cabría preguntarse si queda algo que añadir sobre el texto original. El veterano director ruso Nikita Mikhalkov, ganador del Oscar a la mejor película extranjera en 1994 por “Quemado por el sol”, opina que sí, pero no ha optado por el camino fácil: su remake, “12”, es un áspero drama psicológico al que conviene acudir preparado para vivir una experiencia algo extenuante.
Quizá en un arrebato de megalomanía, Mikhalkov expande las deliberaciones del jurado hasta llegar casi a los 160 minutos (el original de Lumet duraba hora y media), por no hablar de sus traiciones manifiestas a esa fundamental y única regla no escrita de “Doce hombres sin piedad”: que la acción no abandone nunca la sala donde se reúnen los protagonistas. No obstante, pronto queda claro que la intención no es, ni mucho menos, la fidelidad absoluta al texto de Reginald Rose, sino otra muy distinta: Mikhalkov se establece sobre el lugar común para hablar de lo que realmente le interesa, es decir, de la actual situación de su país, donde el miedo al inmigrante (en este caso, checheno), el terrorismo, la política y la compleja psicología de los personajes acaban siendo los temas principales de este concierto de cámara. “12” no está exenta de polémica (algunos críticos rusos la han tachado de pura propaganda pro-Putin), pero es una prueba bastante sólida de que aún se puede encontrar vida más allá del cliché.
El viernes dio mucho de sí. Desde luego más de lo que hay aquí, pero así es cómo lo vivimos nosotros.
Holly Golightly & the Brokeoffs (16:00 – Auditori): Lejos queda ya esa chica que cantaba con el grupo garage Thee Headcoatees. Aunque ya se sabía que siendo en el Auditori la actuación sería tranquila, Holly Golightly (nombre de uno de los personajes más famoso de Truman Capote), provocó un bostezo general a la mayor parte del público con su folk/country. También hace falta decir y aclarar que no fue culpa suya sino que las pruebas de sonido de Portishead se alargaron demasiado con lo que empezó media hora tarde… Y más vale no hablar de los problemas que hubo después para ver a The Swell Season (un servidor, aunque le hacían mucha gracia, al final desistió).
Russian Red (17:00 – CD Drome): Lourdes Hernández y su banda tocaron sus canciones ante un gran número de público (ella parecía impresionada con la aclamación que tuvo), que respondió de buena manera. Pedazo de voz que tiene esta chica… Llega a ser inglesa y ya la tenemos como revelación folk del año en todo el mundo.
It’s Not Not (18:15 – Vice): El mejor concierto nacional (y uno de los diez mejores en general) del festival. Ellos mismos afirman que Les Savy Fav es unos de sus máximos referentes, así que no es de extrañar que Joel (cantante de It’s Not Not) sea el Tim Harrington de aquí (y en delgado, que si no se enfada). Adrenalina pura, ritmos post-punk, más tiempo bajo el escenario que sobre de él, tres micros rotos y un montón de fotógrafos intentando capturar cada salvajada del concierto. Magníficos.
The Felice Brothers (19:30 – CD Drome): Decir que son los nuevos The Band (grupo de Bob Dylan) no parece una locura tan grande sabiendo que el batería de The Band es uno de sus mayores fans y habiendo visto su directo en el escenario CD Drome. Magníficas canciones y magníficos músicos (muy simpáticos). Aunque sus álbums sean muy recientes, canciones como “Frankie’s Gun” suenan ya a clásicos de toda la vida. Seguir leyendo esta noticia