Isabel Coixet + Penélope Cruz: reconozcamos que, hasta cierto punto, era inevitable. Lo que no significa que tenga que ser necesariamente malo, como demuestra esta delicada adaptación de Philip Roth.
Detesto abrir con un tópico, pero es posible que sea cierto que los polos opuestos se atraen. Esa sería una buena manera de explicar qué es lo que encontró una cineasta preocupada por la sensibilidad pura, casi etérea, en las páginas de una novela fundamentalmente carnal. “El animal moribundo” fue el tardío cierre de una trilogía que el novelista Philip Roth abrió allá por 1972 y consagró a la figura de David Kapesh, ficticio profesor de literatura (y probable alter ego) que, en esta ocasión, desarrollaba una atracción casi autodestructiva hacia una de sus jóvenes alumnas. Coixet pasa muy de puntillas por ese potente componente sexual de la relación, pero conserva su esencia: así, “Elegy” acaba manteniendo un diálogo poco convencional con su modelo, que se adapta como un guante a ese intimismo melancólico que la realizadora lleva perfeccionando desde “Mi vida sin mí”. Puede que la película sólo tenga un 35% de Roth, pero ese porcentaje pesa mucho en el resultado final.
Era casi una obligación que Penélope Cruz acabara interpretando algún día a Consuela Castillo, ese oscuro objeto de deseo que, en la prosa de Roth, es comparable a una modelo de Modigliani. También Ben Kingsley está perfecto en la piel del otoñal Kapesh, muy lejos de las tormentas de intensidad y mal rollo a las que el protagonista de “Sexy Beast” acostumbra en esta etapa de su carrera. Cuando ambos están juntos, notamos ese halo de delicado magnetismo que muy pocos actores logran materializar. Naturalmente, Coixet sigue siendo Coixet (hay planos tan relamidos que podrían pasar por una referencia jocosa a la clásica bolsa de “American Beauty”), pero “Elegy” es una propuesta lo suficientemente conmovedora como para que pasemos por alto sus errores.




Abril 27th, 2008 - 3:56
he llegado a ver (en la vida real ) parejas similares, al principio uno cree q son padre e hija, deberia ser delito,estos casos acentua más mi misoginia, se sospecha que se trata de una cuestion economica (el amor ya llegara)
Esta historia pierde credibilidad, el viejo no es multimillonario como para beneficiarse de una joven hermosa de tal calibre, hubiese colado si la chica fuese poco agraciada fisicamente , o si el anciano fuese inculto y perverso (de este modo ignora pasear por la via publica con tal monumento y vivir sin ansiedad al ser objeto de todas las miradas) american beauty es mucho más sensata.