Aquí nos molan los superhéroes, pero le tenemos un especial cariño a ese hombre verde que, sí, es muy grande, tiene mal genio y usa ¡pantalones morados!
Pero es que tiene unos ojos encantadores. Uno los mira y le viene a la cabeza “Green eyes”, la canción de Coldplay. Bueno, el caso es que ya hay trailer de “The incredible Hulk“, y por si no lo sabían, La Masa es ni más ni menos que Edward Norton. La última pelicula del gigante verde también cuenta con Liv Tyler y Tim Roth como el malo malísimo, y muy feo. Si queréis saber más, qué mejor que leer al Emperador de los Helados, que si hay alguna autoridad en la materia es él.
CRYSTAL CASTLES
Crystal Castles (Last Gang Records)
He aquí unos de los discos más esperados por los chicos con sudaderas flúor y los fans de los sonidos 8-bit. Y es que aunque este es su primer disco, el dúo ya ha hecho bailar a medio mundo con su EPs y remixes, como el del super hit de los Klaxons “Atlantis to interzone”. Hoy por hoy, si la new rave tuviera un líder destacado serían los Crystal Castles, que tomaron su nombre de la morada de She-Ra, la versión femenina de He-Man. Pero vamos a lo importante. ¿Era para tanto la expectación levantada?, pues sí, porque su disco de nombre homónimo es lo mejor que han publicado hasta la fecha, y eso ya son palabras mayores. En medio de la guerra festivalera, se llevará un puntazo el que los traiga.
THE KILLS
Midnight boom (Domino)
Y seguimos con los dúos que generan expectativas, porque vaya que “Midnight boom”, el tercer trabajo de Alison Mosshart y Jamie Hince, era un disco esperado. En esta ocasión pulen su sonido y le dan un toque más electrónico a su música. Pero que nadie se ponga nervioso, esto no resta sino que suma, y todo lo que suma es bueno. Siguen siendo rabiosos y siguen haciendo garage, pero ahora son un poco más divertidos.
HERCULES & LOVE AFFAIR
Hercules & love affair (DFA Records)
Hercules & Love Affair es el proyecto de Andrew Butler, que además cuenta con ilustres colaboradores: Nomi, conocida por su trabajo con CocoRosie, la DJ Kim Ann Forman, y Antony Hegarty, que adorna con su maravillosa voz cuatro temas deliciosos. “Hercules & love affair” es un álbum de música electrónica con ritmos embriagadores que tanto sirve para escuchar en la intimidad de tu casa como para disfrutarlos en la pista de baile. Por cierto, H&LA están en el Sónar. De momento, a disfrutar temazos como “Blind” y “Rise me up”.
Desde ahora y para siempre seremos fans de FAO Schwarz. ¿Queréis saber por qué?
Porque se les ha ocurrido la mejor idea que he visto en mucho tiempo: producir el muñeco de nuestros sueños, o ese que dibujamos aburridos en el trabajo. La cosa es muy sencilla, les envías tu monigote o el que dibuje tu hermanita o sobrino y ellos te lo convierten en un muñeco de trapo. “Si puedes dibujarlo, nosotros podemos construirlo”, qué grande.
No quería tardar tanto en escribir sobre esto pero una cosa lleva a la otra y al final los días corren que ni te enteras. Pero hoy sí. Y lo hago después de haber pasado una tarde de lo más entretenida dándole vueltas al asunto del 080 con un par de amigos a los que no les falta la razón. Uno de los comentarios: dónde van con tanta pasarela. Que sigue: si parecía un desfile de Valentino. Ay, ¡tanto continente para tan poco contenido!
MARTIN LAMOTHE: EL SUYO FUE UNO DE LOS MEJORES DESFILES
Y es que la pasarela lucía espectacular. Creo que eso ya lo dije. Pero lo que vimos desfilar por ella ya no lo era tanto. Esta vez sin embargo no quisiera entretenerme mucho en hablar de los desfiles, más que nada porque la mayor parte de ellos no los vi. Me gustó lo poco que vi de Il Galantuomo (todos los desfiles tarde y este empieza puntual, hay que fastidiarse). Y sé por las fotos que me habría gustado el de Jan iú Més y por supuesto el de Pelican Avenue (lástima que el viernes estaba fuera de Barcelona), y que me habrían dado igual otros tantos. Por lo demás mis expectativas se quedaron cortas con Alberto Tous, qué ha pasado con este chico, ¿dónde se fue todo su talento?, que presentó una colección espantosa de vestidos: frunces, volúmenes, brillos, gasas, transparencias y tetas al aire en un incomprensible ejercicio de mal gusto viniendo de quien viene. Todo lo contrario de, a mi juicio, la mejor propuesta que se vio en este 080: la de Martin Lamothe. La diseñadora supera con creces su colección de verano, y es otro claro ejemplo de las tablas que te da estudiar o hacer stages con diseñadores fuera de España (lo siento, es lo que hay). Para quien no la conozca podríamos enmarcar su trabajo cerca del de creadores como Romain Kremer, Pelican Avenue e incluso Bless si me apuran. Entre hippy-ravera cool y futurista (esos brillos, esas formas), la sobriedad del negro también le sienta fenomenal, su nueva colección, y cómo la lucieron las modelos, me gustó en su totalidad. Martin Lamothe ya vende en tiendas de medio mundo y su futuro se intuye más que prometedor.
Algo que, oooooooh, no puedo decir de esta pasarela, porque de verdad no entiendo a qué estamos jugando. Dice Sara Sáez, editora de moda de Yo Dona y una de las pocas personas sensatas sin pelos en la lengua que conozco, la otra es Rafa Rodríguez de Metrópolis y Fake, vaya pareja de cuidado, en la Neo de este mes, que está en contra de las pasarelas subvencionadas. Yo no soy tan radical. No me parece mal que se ayude con dinero público a los diseñadores con talento, siempre y cuando sea por un tiempo establecido: dos, tres años, los que sea. Si después de eso el diseñador no es capaz de valerse por sí mismo, producir su coleccion, crear su red de puntos de venta y autofinanciar su propio desfile, adiós muy buenas. Pero lo que pasa en España es inaudito: que te paguen por desfilar una colección que luego muchas veces ni vas a producir. Inaudito e indignante. Del calendario de Cibeles ya hablé en su día y no voy a volver ahora. Barcelona al menos no es tan rancia, solo hay que ver el público que viene a los desfiles, pero adolece de algo incluso peor: la autocomplacencia. Y la falta de autocrítica. La Generalitat se muestra más que satisfecha con el resultado. Quizá es que habitemos universos paralelos, y por eso donde unos vemos una pasarela de tercera (y ojo que la producción fue impecable, no me refiero a eso) que interesa a bien poca gente, ellos sienten que están jugando “con fuerza en un mercado global”, como se puede leer en El Periódico. De lo poco que se puede leer, vamos. Porque tecleas 080 en Google y casi te sale más información de la edición cero que de esta. Pero, claro, lo que cuentan son los números: 350 periodistas acreditados (el clipping me gustaría ver a mí), no sé cuántas televisiones, 30 centrales de compra… ¿Dónde estaban los compradores?, si el showroom estaba siempre vacío, dónde los periodistas, apenas cuatro vinieron de Madrid, pero si ni estaban los estilistas de Barcelona, entre otras cosas porque muchos ni fueron invitados (se repitió el error de la edición cero). Al final tengo la sensación que aquí lo que pasa es que al señor Valdero y compañía les pone esto de los trapitos. El glamour, los focos, las modelos. Onanismo puro, ya les digo. ¿Internacionalizar la moda? Así desde luego que no.
Así es amigos, ya podéis haceros con todos y cada uno de los números de la revista METAL en la red gracias a su nueva tienda online alojada en bigcartel, donde también podéis encontrar otras revistas célebres como Kink.
Te encuentras esto y lo primero que piensas es, claro, cómo no lo habían hecho antes. Y es que estaba cantado que un día la muñeca rubia por exelencia tenía que tener su reproductor de mp3. Dos gigas de capacidad, sintonizador de FM, tan solo pesa 33 gramos y tiene un espejo. Ya tienes el regalo perfecto para tu hermanita. Espera, ¿a las niñas les sigue gustando Barbie?
Parecía inevitable que alguien adaptase una de las novelas recientes más populares sobre la vida en Afganistán. Demos gracias a que ese alguien ha sido Marc Forster, único a la hora de ponernos tontos con sus festivales de buenos sentimientos.
Hay un tipo de novela superventas que resulta condenadamente difícil de confeccionar, pero que garantiza el éxito internacional casi tanto como un pastiche de Dan Brown: el drama sentimental con trasfondo histórico reciente, narrado con una sensibilidad capaz de combinar populismo con algo de (supuesta) trasgresión. “The kite runner” (2003), el debut literario del afganoamericano Khaled Hosseini, era un raro ejemplo de esta tendencia: el autor recreaba su infancia en el Kabul inmediatamente anterior a la invasión soviética, llevando más tarde la historia hasta la instauración del régimen talibán (con la carga de atractivo comercial que ello conlleva). Pese a contar con una relación de amistad infantil en el corazón de su trama, la novela de Hosseini no era exactamente una descarga de buen rollo: a su crudo relato del drama de los refugiados hay que sumarle una impactante escena de violación infantil que, en su día, horrorizó a muchos lectores. Cabe preguntarse cómo es posible que un material tan delicado haya acabado por convertirse en la feel-good movie de la temporada, pero la respuesta es bastante sencilla: Marc Forster.
Director todoterreno que se consagró en la esfera del dramón tremendista (“Monster’s Ball”, 2001), Forster ha demostrado ya en varias ocasiones poseer una sorprendente mano izquierda para dejar que el sentimentalismo brille con luz propia en la gran pantalla, ya sea con la imaginación de J.M. Barrie en “Descubriendo Nunca Jamás” (2004) o con el metalenguaje romántico de Will Ferrell en “Más extraño que la ficción” (2006). Lo que el realizador propone en “Cometas en el cielo” es una aproximación en clave de realismo mágico que, no obstante, conserva intacta la atmósfera agridulce del original. El resultado, gracias en gran parte a las hipnóticamente bellas escenas de cometas CGI surcando el cielo y a la naturalidad de sus jóvenes actores, es una experiencia más gratificante y amable que la de leer a Hosseini. Quizá su secreto resida en esa falsa sensación de personas comprometidas y humanitarias que se nos queda al salir del cine, pero… ¿no es esa la clave de todo el subgénero actual de cine occidental ambientado en Oriente Medio?
ADAM GREEN
Sixes & sevens (Rough Trade / Sinnamon)
La última vez confesé una de nuestras debilidades malsanas, pues si hay una mayor que cualquier otra es nuestro indie-crooner-folkie favorito, Adam Green. Nos ha hecho reír, llorar, nos ha incitado a drogarnos y a amarnos por igual, así que obviamente esperábamos su ya quinto trabajo como Ratzinger al nazareno. El ex Moldy Peaches ha vuelto dándonos todos y cada uno de los ingredientes que nos han enamorado. Y aunque con el primer tema que abre el álbum, “Festival song”, podemos llegar a pensar que este disco es muy diferente, ya con el segundo, “Tropical island”, vemos que no se aleja mucho de lo nos tiene acostumbrados. La gran diferencia con su anterior entrega, “Jacket full of danger”, es que “Sixes & sevens” es menos oscuro. Adam demuestra que no tiene miedo a experimentar, ni a incorporar ritmos y matices a sus melodías. Ojo a “That sounds like a pony” y a “Sticky Ricki”. Lo ha vuelto a hacer, seguimos rendidos a sus pies.
BE YOUR OWN PET
Get awkward (XL)
Segundo trabajo del cuarteto, aún adolescente, garage-punk de Nashville. Nos traen lo mismo que con su disco debut, ritmos frenéticos, guitarras duras y la voz rabiosa de una Jemina que, ella sí, da un paso al frente, está imponente. Una propuesta divertida, gamberra y directa. Así que este mes ya tenemos otra opción aparte del Red Bull para espabilarnos.
KELLEY STOLTZ
Circular (Sub Pop)
Este es uno de los discos que le enseñas a tu novia para hacerte el interesante con el aliciente de que es muy probable que, además de quedar como un entendido, a ella también le guste. El señor Stoltz hace un pop muy fino y sutil con aroma a los sesentas, a los Beach Boys y los Zombies para ser más precisos. Tal vez con “Circular” no alcance la brillantez de “Bellow the branches”, su anterior y más destacado trabajo, pero sí que lo mira muy de cerca. Y eso, amigos míos, nos basta y sobra.
Si vives en Madrid y llevas un par de días deshojando margaritas porque no te decidías entre el Summercase y el FIB pues ahora se te puede complicar aún más la existencia.
La organización del FIB ha anunciado una nueva fecha dentro de su programación. El día, 19 de julio, los artistas, Mika, My Bloody Valentine, Siouxsie, Babyshambles y The Rumble Stripes, el nombre, Saturday Night Fiber y el precio, 50 euros. ¿Acaso no habría mucha gente que asistiría a ambos festivales si no coincidieran en fechas? ¡Esto es la guerra!
Y empezó el 080. Espectacular pasarela en el parque de la Ciutadella frente a la fuente, que incluso se ha integrado en el desfile con las modelos caminando sobre el agua seguro que muertas de frío. Mal día para una pasarela semi abierta. ¿A quién se le ocurriría algo así en pleno mes marzo? Ni quiero pensar lo que va a ser mañana allí: siete desfiles, cuenten las horas.
Bueno, el caso es que Txell Miras presentó su colección y, sí, hubo sorpresas. Esta chica es una cachonda. ¿Hubo déjà vu? Bueno, sí, para qué vamos a engañarnos. Pero también asombro entre los asistentes. ¡Rojo!, exclamaba un periodista cercano cuando la modelo hacía su entrada en la pasarela con un jersey en efecto rojo. Y luego, ¡lila! Por fin. Y qué bien le van esos puntos de color a su propuesta siempre tan enlutada. El beige se hizo casi blanco, las líneas más depuradas, el estilismo menos recargado. El trabajo de Txell se estiliza cada vez más. Siguen los cuidados patrones, el constructivismo en sus piezas, las superposiciones aunque en menor medida. No creo que haya sido su mejor colección pero me gusta lo que he visto. ¿Se quedará solo en broma particular o supondrá un punto de inflexión en su carrera? De momento la diseñadora, después de reflexionar acerca del sistema de temporadas de la moda, “ninguna disciplina creativa es tan esclava de las temporadas y ninguna debería serlo”, dice, ya ha anunciado que a partir de ahora presentará solo una colección al año, la de invierno.