Por si alguien tenía alguna duda, Steve Carell es único a la hora de ponerse serio sin dejar de ser divertido, y esta pequeña tragicomedia romántica no es más que otra prueba de ello.
Desde que fuera torturado (de un modo increíblemente gracioso) por la ira divina de Jim Carrey en “Como Dios” (2003), Steve Carell ha ido labrándose una carrera como cómico todoterreno que, hasta ahora, ha tenido sus puntos álgidos tanto en el medio televisivo (es la estrella indiscutible de la versión norteamericana de “The office”) como en el cinematográfico. Sin embargo, no ha podido resistirse a demostrar su valía como actor “serio”, esa gran enfermedad que sufren los actores de comedia actuales: tras aceptar un papel secundario en “Pequeña Miss Sunshine” (2006), Carell presenta una comedia romántica y filo-independiente como contrapeso a su inminente remake del “Superagente 86”. La buena noticia es que “Como la vida misma” es una de esas historias inteligentes y deliciosas que Steve Martin hubiera protagonizado hace veinte años. La mala noticia es que los fans de Carell quizá prefiramos escucharlo en su otra película en cartel, “Horton” (2008), donde se muestra mucho más libre y alocado.
Contar con Juliette Binoche como interés romántico en tu filme de humor es toda una declaración de intenciones. En efecto, “Como la vida misma” está más cerca de la capacidad de observación de Woody Allen que del modelo Sandra Bullock, aunque el amor que el director Peter Hedges y el guionista Pierce Gardner profesan por sus personajes está libre de toda distancia irónica. Es difícil resistirse al carisma de Dan Burns (Carell), columnista de un periódico local que tiene que luchar contra sus sentimientos hacia la novia de su hermano (Dane Cook, otro cómico en plena cruzada por ser tomado en serio) en el marco de una interminable reunión familiar, sobre todo por la madurez con la que los cineastas afrontan el dilema de un buen hombre que debe dar consejos amorosos a su hija adolescente… cuando él se encuentra prácticamente en la misma situación. Al final, por pura lógica de romanticismo cinematográfico, “Como la vida misma” traiciona a su propio título y acaba siendo un poco más grande que la vida, pero nadie le puede negar a una cara como la de Steve Carell la oportunidad de ser feliz.




Marzo 24th, 2008 - 17:45
no te recuerda a The Office? Igual de incomprendido por los suyos.