¿Tom Hanks + director de probada solvencia + guionista de lujo = Oscar asegurado? No si añadimos algo de sátira política a la ecuación…
Definitivamente, el congresista Charlie Wilson no es Forrest Gump: cuando lo conocemos, está en un jacuzzi de Las Vegas, rodeado de strippers y de una cantidad considerable de drogas y alcohol. No es la típica secuencia de apertura de una de las películas comprometidas de nueva hornada (del modelo “Leones por corderos”), pero precisamente ahí reside el secreto de “La guerra de Charlie Wilson”: nos habla de la situación actual en Afganistán de manera lateral, retrotrayéndose al momento en que empezó todo y optando por la sátira en lugar de por el tremendismo. No es casualidad que Mike Nichols fuera el elegido de Hanks para llevar al cine esta historia real, ya que nadie mejor que el director de la memorable “Catch-22” (1970) conoce el sentido intrínsecamente absurdo de toda acción bélica. Cuando Hanks y el agente de la CIA Gust Avrakotos (impresionante Philip Seymour Hoffman) mezclan a oficiales internacionales con una bailarina de la danza del vientre, “La guerra de Charlie Wilson” se convierte en una de las películas más divertidas de la temporada.
Por supuesto, las cosas no tardan en dar un giro hacia lo dramático, en recordarnos que la ayuda norteamericana a las tropas afganas no sólo culminó en “Rambo III” (1988), sino en algo mucho más tenebroso (y que, como insinúa el personaje de Hanks, tuvo que ver con la incapacidad de Estados Unidos para terminar lo que empezó). Es una suerte que el guionista Aaron Sorkin sea capaz de manejar ese drástico cambio de tono sin echar a perder el resto: en ocasiones, él parece el verdadero autor de “La guerra de Charlie Wilson”, puntuando el relato con personajes (la obsesión cristiana del personaje de Julia Roberts no le será ajena a ningún seguidor de “Studio 60”), diálogos y situaciones que llevan su inconfundible impronta personal. Quizá tanto humor (matizadamente) corrosivo fuera demasiado para los Oscar, pero estamos ante un trabajo de indudable calidad y relevancia.



