Será el espíritu navideño, será que el tiempo pasa y las suaves manos de la nostalgia acaban siempre pellizcándote el cuore, será lo que sea pero aquí estoy recomendando un libro escrito para niños de diez o doce años. Pero ¿no llevábamos todos un niño dentro? Pues venga, atrevámonos con “La invención de Hugo Cabret”, la extraña propuesta de Brian Selznick, que se sitúa entre el libro con ilustraciones, la novela gráfica o el álbum de fotos.

La sinopsis os la transcribo tal y como reza en la página web oficial de la edición por si os diera pereza conectaros: Huérfano, relojero y ladrón, Hugo vive entre los muros de una ajetreada estación parisina de ferrocarriles. Si quiere sobrevivir, nadie debe saber de su existencia. Sin embargo, un día tiene un descuido y es descubierto por una excéntrica chica, amante de los libros, y por un viejo y amargado juguetero. Y ya nada será como antes. Un críptico dibujo, un valioso cuaderno de notas, una llave robada, un autómata y un mensaje oculto del difunto padre de Hugo son algunas de las claves de un intrincado misterio.
El autor Brian Selznick es un ilustrador que ya ha cosechado críticas buenas y un par de premios con sus obras anteriores: “The Houdini Box”, “The Dinosaurs of Waterhouse Hawkins”, “Walt Whitman: Words for America” y “Amelia and Eleanor Go for a Ride”. Selznick reconoce que encontró la inspiración para crear el mundo de Hugo Cabret después de leer “Edison’s Eve: A Magical History of the Quest for Mechanical Life”, de Gaby Wood, texto que, en palabras del propio Selznick, “contaba la verdadera historia de unos complejos autómatas a cuerda que fueron donados a un museo de París. La colección fue abandonada en un ático destartalado y, eventualmente, se tiró a la basura. Me imaginé a un chico encontrándose con máquinas rotas y oxidadas y, en ese preciso instante, nacieron Hugo y su historia”. El libro es una pequeña joya y, desde luego, los adultos la pueden saborear desde su óptica o en regresión a la niñez, a escoger.

En mi opinión esta obra no está destinada a pasar desapercibida. De alguna forma su autor ha tenido la destreza de volver a finales del siglo XIX, a la fascinación del hombre por las máquinas y nos la traslada logrando emocionarnos en esta primera década del siglo XXI, en la que estamos peligrosamente a punto de convertirnos en pretenciosos seres tecnológicos. Hay quien ya predice la adaptación cinematográfica del libro. Yo quisiera que no se convirtiese en un Harry Potter al uso pero… la industria cinematográfica manda lo que manda aunque mande mal. De lo que no tengo ninguna duda es que estamos en un buen momento para las novelas gráficas. Para muestra este botón pero estas fiestas podéis aprovechar para haceros con otros muchos botones (por poner un ejemplo conocido con correspondiente película podemos citar a “Sin City” de Frank Miller). Pero como todo en esta vida la cosa tiene su polémica servida porque en este momento se discute la distinción entre el concepto novela gráfica y cómic. Para profundizadores natos una última recomendación: “Manifiesto de la novela gráfica” de Eddie Campbell.


