El hijo del maestro Hayao Miyazaki elige una complicada adaptación literaria para debutar en la dirección. ¿Está o no a la altura del legado paterno?
Cuentan que Goro Miyazaki consiguió enfurecer a su padre cuando se hizo cargo del que iba a ser su último proyecto, una cinta épica de animación inspirada en el ciclo de novelas que la autora fantástica Ursula K. Le Guin ambientó en el imaginario archipiélago de Terramar. Fue sólo el inicio de la que probablemente sea la producción que más quebraderos de cabeza ha dado a los animadores del mítico Estudio Ghibli, que finalmente estrenaron en Japón “Cuentos de Terramar” justo a tiempo para barrer de la taquilla a blockbusters norteamericanos como la segunda parte de “Piratas del Caribe” (lo de su extremadamente tardío estreno en nuestras pantallas es, definitivamente, otro cantar). No obstante, su éxito comercial no fue lo único que hizo que el atrevimiento de Goro valiera la pena: al ver la película, su padre se emocionó tanto que decidió enterrar el hacha de guerra y reconocer que se había equivocado.
“Cuentos de Terramar” tiene algo más que una historia fascinante detrás de su producción: se trata de la más reciente muestra de excelencia visual que nos regala uno de los estudios de animación más importantes de todos los tiempos, que se aparta tanto de las novelas originales (aunque comparta muchos puntos en común con la tercera) como de la reciente hornada de Narinas y Brújulas Doradas para explorar algunos de los temas que siempre han preocupado a Papá Miyazaki: la lucha del héroe contra su lado oscuro, la comunión con la naturaleza o la espiritualidad de los personajes, entre otras muchas cosas. El resultado no alcanza las cotas de brillantez de las obras maestras Ghibli, pero supone una satisfactoria e imaginativa aventura de cuasi ciencia-ficción en la que dos poderosos magos se enfrentan por proteger/destruir (respectivamente) al príncipe heredero de Terramar. Le Guin no acabó del todo satisfecha con una película que se toma tantas licencias con su universo creativo, pero ningún fan del toque Miyazaki (que ahora sabemos que es una cuestión familiar) debería dejarla escapar estas navidades.



