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Ridley Scott orquesta un duelo de titanes entre Russell Crowe y Denzel Washigton, las dos caras de la ley en un Harlem que sueña con parecerse a “French Connection”.

Dentro de una década, algún estudioso analizará la tendencia que tiene el Hollywood actual de mirar hacia el cine político de los años 70 no solo para buscar inspiración, sino directamente para reproducir sus logros y articularlos, a modo de samplers, en obras que suponen maneras espectaculares de sufrir un dejá-vù. En ese sentido, “American gangster” no está lejos de la referencialidad de “El buen alemán”, película con la que comparte su idea de dignificar el cine adulto actual a través de un continuo mirar hacia atrás: Ridley Scott cita/calca sin parar momentos de “Serpico”, “El Padrino” y “French Connection” en su crónica del imperio que el señor del crimen Frank Lucas (interpretado aquí por Washigton) edificó en el Harlem de los 70. El resultado es, por supuesto, una película correctísima y satisfactoria (incluso su excesiva duración está justificada), pero uno desearía que se hubiera hecho cargo de ella un director menos pendiente de rendir tributo a sus modelos (como, sin ir más lejos, Tony Scott, con el que Denzel ha rodado algunas de sus mejores películas).

Hay en esta cinta épica un duelo actoral de gran altura, pero con un claro vencedor: Russell Crowe, uno de los actores más arrolladores de nuestro tiempo, que acaba imponiéndose con su ajustada interpretación de Richie Roberts, el poli que dedicó gran parte de su vida a meter a Lucas entre rejas. No son los únicos que brillan con luz propia a lo largo de estos 156 minutos: Chiwetel Ejiofor y Josh Brolin están tan contundentes como siempre, mientras que los raperos RZA y Common sorprenden por su autenticidad. Pese a todo, si hay una protagonista indiscutible de “American gangster”, esa es la ciudad de Nueva York, perfectamente recreada e iluminada para la ocasión. El careo entre Crowe y Washigton le ha valido alguna comparación con “Heat”, pero aquella era una historia universal y esta es, sin duda, una historia de NY. No sorprende a nadie y tiene fragmentos que nos sabemos incluso antes de verla, pero “American gangster” sigue siendo una opción con clase para despedir el año.

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THE DARK KNIGHT Let’s put a smile on that face


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Se nos viene encima el 2008 y muchos no podemos esperar al verano. Nos impacienta ver la nueva aventura de Indy, pero a un servidor se le cae la baba al ver el trailer de “The dark knight”. Si ya “Batman Begins” consiguió que bastantes lo colocaran como la mejor película sobre el señor oscuro, esta seguro que consigue poner de acuerdo a casi todo el mundo, aunque seguro que Tim Burton y su séquito no lo estarán. Tan solo tenemos que ver los primero seis minutos del film para comprobar que Heath Ledger será un magnifico Joker, diga lo que diga Jack Nicholson. Solo espero que no nos llevemos el chasco que supuso “Spiderman 3”. ¿Qué estoy diciendo?, si sale Joker, por todos los dioses. Y para más exitación y deseos de que se acabe este año, 5 minutos de “Cloverfield”, no muestra mucho más de lo que habíamos visto con anterioridad pero cualquier cosa, por poco que sea, para esta película es mucho.

LA LISTA Acabando el año


KANYE WEST
Graduation (Roc-A-Fella / Def Jam)

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El año pasado para Rolling Stone y varias publicaciones más “Late registration”, el anterior disco de Kanye West, fue el mejor disco del año. Difícilmente este título le será otorgado de nuevo este 2007. Pero “Graduation”, tercer álbum del rapero más moderno del mundo, es un serio aspirante. Le avalan temas como la adictiva “Stronger”, “Can’t tell me nothing” y “The glory”. Para olvidar, “Homecoming”, que canta junto a Chris Martin, una mancha muy grande en un muy buen álbum.

BRIGHT EYES
Cassadaga (Saddle Creek)

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Lo de Conor Oberst, mejor conocido como Bright Eyes, es algo fuera de lo normal. Con tan solo 27 años, el de Nebraska ya cuenta con seis discos. Y vaya discos. No en balde se le ha llegado a calificar como niño genio. “Cassadaga” es un disco redondo que no sabe de géneros y que solo está al alcance de superdotados como Oberst. Temas como “Four winds” son una muestra de que hay vida después de “First day of my life”. Una gozada de álbum.

BLONDE REDHEAD
23 (4AD)

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En su ya séptimo álbum, la banda italo-japonesa que empezara sus andadas ahí por el  lejano 1995 se entrega al dream pop. “23” es, etiquetas aparte, un disco muy completo, suave, relajante y a veces perturbador y misterioso. Perfecto para tumbarse en el sillón y dejar que la mente viaje por los paisajes que van dibujando temas como “23”, “Dr. Strangeluv” o “Silently”.

Será el espíritu navideño, será que el tiempo pasa y las suaves manos de la nostalgia acaban siempre pellizcándote el cuore, será lo que sea pero aquí estoy recomendando un libro escrito para niños de diez o doce años. Pero ¿no llevábamos todos un niño dentro? Pues venga, atrevámonos con “La invención de Hugo Cabret”, la extraña propuesta de Brian Selznick, que se sitúa entre el libro con ilustraciones, la novela gráfica o el álbum de fotos.

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La sinopsis os la transcribo tal y como reza en la página web oficial de la edición por si os diera pereza conectaros: Huérfano, relojero y ladrón, Hugo vive entre los muros de una ajetreada estación parisina de ferrocarriles. Si quiere sobrevivir, nadie debe saber de su existencia. Sin embargo, un día tiene un descuido y es descubierto por una excéntrica chica, amante de los libros, y por un viejo y amargado juguetero. Y ya nada será como antes. Un críptico dibujo, un valioso cuaderno de notas, una llave robada, un autómata y un mensaje oculto del difunto padre de Hugo son algunas de las claves de un intrincado misterio.

El autor Brian Selznick es un ilustrador que ya ha cosechado críticas buenas y un par de premios con sus obras anteriores: “The Houdini Box”, “The Dinosaurs of Waterhouse Hawkins”, “Walt Whitman: Words for America” y “Amelia and Eleanor Go for a Ride”. Selznick reconoce que encontró la inspiración para crear el mundo de Hugo Cabret después de leer “Edison’s Eve: A Magical History of the Quest for Mechanical Life”, de Gaby Wood, texto que, en palabras del propio Selznick, “contaba la verdadera historia de unos complejos autómatas a cuerda que fueron donados a un museo de París. La colección fue abandonada en un ático destartalado y, eventualmente, se tiró a la basura. Me imaginé a un chico encontrándose con máquinas rotas y oxidadas y, en ese preciso instante, nacieron Hugo y su historia”. El libro es una pequeña joya y, desde luego, los adultos la pueden saborear desde su óptica o en regresión a la niñez, a escoger.

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En mi opinión esta obra no está destinada a pasar desapercibida. De alguna forma su autor ha tenido la destreza de volver a finales del siglo XIX, a la fascinación del hombre por las máquinas y nos la traslada logrando emocionarnos en esta primera década del siglo XXI, en la que estamos peligrosamente a punto de convertirnos en pretenciosos seres tecnológicos. Hay quien ya predice la adaptación cinematográfica del libro. Yo quisiera que no se convirtiese en un Harry Potter al uso pero… la industria cinematográfica manda lo que manda aunque mande mal. De lo que no tengo ninguna duda es que estamos en un buen momento para las novelas gráficas. Para muestra este botón pero estas fiestas podéis aprovechar para haceros con otros muchos botones (por poner un ejemplo conocido con correspondiente película podemos citar a “Sin City” de Frank Miller). Pero como todo en esta vida la cosa tiene su polémica servida porque en este momento se discute la distinción entre el concepto novela gráfica y cómic. Para profundizadores natos una última recomendación: “Manifiesto de la novela gráfica” de Eddie Campbell.

El hijo del maestro Hayao Miyazaki elige una complicada adaptación literaria para debutar en la dirección. ¿Está o no a la altura del legado paterno?

Cuentan que Goro Miyazaki consiguió enfurecer a su padre cuando se hizo cargo del que iba a ser su último proyecto, una cinta épica de animación inspirada en el ciclo de novelas que la autora fantástica Ursula K. Le Guin ambientó en el imaginario archipiélago de Terramar. Fue sólo el inicio de la que probablemente sea la producción que más quebraderos de cabeza ha dado a los animadores del mítico Estudio Ghibli, que finalmente estrenaron en Japón “Cuentos de Terramar” justo a tiempo para barrer de la taquilla a blockbusters norteamericanos como la segunda parte de “Piratas del Caribe” (lo de su extremadamente tardío estreno en nuestras pantallas es, definitivamente, otro cantar). No obstante, su éxito comercial no fue lo único que hizo que el atrevimiento de Goro valiera la pena: al ver la película, su padre se emocionó tanto que decidió enterrar el hacha de guerra y reconocer que se había equivocado.

“Cuentos de Terramar” tiene algo más que una historia fascinante detrás de su producción: se trata de la más reciente muestra de excelencia visual que nos regala uno de los estudios de animación más importantes de todos los tiempos, que se aparta tanto de las novelas originales (aunque comparta muchos puntos en común con la tercera) como de la reciente hornada de Narinas y Brújulas Doradas para explorar algunos de los temas que siempre han preocupado a Papá Miyazaki: la lucha del héroe contra su lado oscuro, la comunión con la naturaleza o la espiritualidad de los personajes, entre otras muchas cosas. El resultado no alcanza las cotas de brillantez de las obras maestras Ghibli, pero supone una satisfactoria e imaginativa aventura de cuasi ciencia-ficción en la que dos poderosos magos se enfrentan por proteger/destruir (respectivamente) al príncipe heredero de Terramar. Le Guin no acabó del todo satisfecha con una película que se toma tantas licencias con su universo creativo, pero ningún fan del toque Miyazaki (que ahora sabemos que es una cuestión familiar) debería dejarla escapar estas navidades.

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ALEX + CHLOE Nueva colección


La nueva colección de joyas del tándem creativo de Los Angeles Alex + Chloe ya está lista. Como siempre mucho dorado, plata y negro y algunas propuestas que ya son habituales en su trabajo, como los cuernos y las calaveras.

Especialmente chulas son las piezas de oro. Además esta vez el diseñador y amigo de la pareja, Brian Lichtenberg, ha diseñado unas piezas para ellos. Y ellos mismos dedican una de sus piezas, Diamond girl, a uno de sus diseñadores favoritos del momento, Gareth Pug: “You’re our Diamond boy”, dicen. No es muy fácil encontrarlos por aquí pero puedes comprar a través de su web. Divinos.

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LA LISTA Acabando el año


ANIMAL COLLECTIVE
Strawberry jam (Domino)

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Si hay una palabra que define la música de los neoyorkinos Animal Collective es impredecible. Sabes como empieza un tema pero difícilmente sabes por donde te llevará y cómo terminará. Así que cada álbum se presenta como un mundo lleno de sorpresas, texturas y matices. El primer trabajo de la banda con el sello Domino se perfila como serio candidato a mejor disco no solo del año sino de su discografía, y eso ya son palabras mayores.

JOSÉ GONZÁLEZ
In our nature (Mute)

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El sueco que se hiciera famoso por el anuncio de las pelotitas de Bravia con su versión “Heartbreaks” de The Knife, presentó este año su segundo álbum. Si ya tenía maravillado a medio mundo, con este disco José amenaza con hacerse con la otra mitad. No hay muchos músicos que con tan poco, su guitarra y su voz, sean capaces de transmitir la emotividad que logra González. “In our nature” es una colección de temas dominados por el folk simplemente fabulosos de los que destacaremos “How low”, “Down the line” y la estupenda versión de “Teardrop”, súper éxito de Massive Attack.

THE MACCABEES
Colour in it (Geffen)

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Un quinteto británico cargado con guitarras afiladas y mucho ritmo, ¿uno más? Pues sí, pero es que es muy difícil no hacerse adicto a temas como “X-Ray” “All in your arms” y “First love”. Esta banda os recordará, y mucho, a The Futurehead, Good Shoes y a los primeros Bloc Party. The Maccabees no traen nada nuevo al mundo pero su disco debut es garantía de una tarde muy divertida. ¿Qué más querían?

A la publicidad no le faltan ni detractores ni apologistas. Tampoco le falta quien dice que a él ni fu ni fa. Esto último me resulta un poco difícil de creer porque no sé cómo se puede permanecer indiferente a una invasión sensorial tan grande.

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Puede que no veas la televisión, que no oigas la radio y que sólo leas publicaciones alternativas sin anuncios impresas en papel reciclado, donde no cobran los que escriben y quienes las leen pagan un plus para mantenerlas. Pero ¿a caso te vendas los ojos para no ver las vallas, los luminosos ni los carteles de la calle? ¿Cuándo viajas en metro cierras los ojos aunque notes que te roban la cartera? ¿Borras la marca de tu móvil a punta de navaja? ¿No has abierto jamás tu buzón o quemas los sobres y el encabezado de tus facturas?¿Arrancas de un bocado las etiquetas de tu ropa?¿Compras marcas blancas en supermercados sin nombre?

Amigos, yo creo humildemente que aunque sea para ignorar sus mensajes hay que tener en cuenta a la publicidad. Y lo creo no sólo porque llevo muchísimos años ganándome la vida en una agencia de ídem. Os lo confieso casi sin rubor porque es la verdad y porque si voy hablar de publicidad es idiota no confesarlo. También os diré que detesto el 75% de publicidad que veo y que tampoco me gusta el 100% de la que hago yo. Y además soy adicta a leer y escuchar todo lo que se escribe y se dice sobre ella, en especial las críticas. Llegados a este punto, ya me siento más legitimada a recomendaros la lectura de esta semana: “De la miseria humana en el medio publicitario” del Grupo Marcuse (Editorial Melusina). No os voy a engañar, es un libro muy bien escrito (que asienta sus bases en las corrientes del pensamiento Situacionista), muy francés y muy radical. Un aviso desde ya para capitalistas convencidos y orgullosos de serlo: abstenerse de su lectura.

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Para empezar sus autores se quejan de cómo el público desconoce los entresijos de esta actividad que nos aboca al consumismo descerebrado y a un patrón de vida suicida. Ello es debido, según su opinión, a que los medios de comunicación que deberían informarnos no pueden morder la mano de quien les da de comer. Entre los múltiples crímenes de los que se acusa a la publicidad está el engaño y la estafa permanentes, la idiotización y despersonalización del individuo, el fomento de enfermedades (la crítica a los grandes grupos médicos y a los laboratorios es absoluta). En resumen: manipulación al máximo nivel.
Los del Grupo Marcuse desenmascaran el mito de “publicidad igual a información” para el consumidor puesto que opinan que la publicidad es laudatoria y no crítica y que, además, existen oscuros pactos de deliberada desinformación promovidos por grandes marcas, empresas multinacionales y hasta gobiernos.
En este libro, que puede gustar o no, pero que está bien documentado, entre otros referentes se cita a Braudillard cuando dice que “no se consume nunca el objeto en sí mismo” sinó lo que representa, el ideal al que supuestamente nos acerca. Y eso nos embarca en un proceso tan grotesco como infinito, pues los publicistas saben bien que todo individuo que vive en sociedad anhela acceder a un status superior.
La nueva dimensión del mundo capitalista es el espectáculo. Y los publicistas, flamantes e infames nuevos sacerdotes de la nueva religión, crean espectáculo en cada nueva campaña para prometernos la consecución de todos nuestros sueños. Y un hombre sin sueños es incapaz de rebelarse. Chim-pum. Así se cierra la loca espiral del consumismo feroz.

Esta lectura os pondrá, pues, los pelos como escarpias con tanta eficacia como la mejor peli de terror y, tal vez, la reacción inmediata del lector sea pensar que es exagerado y que “yo no me dejo influir por la publicidad de una manera tan bestia”. Opino que no está de más leer este libro, revisar nuestro patrón de conducta respecto a este tema y actuar como nos dicte el cuerpo. Pero eso sí, ahora un poco más críticos que antes, lo cual nunca está de más. Y si la publicidad no puede sobrevivir a eso y es tan mala como la pintan… que el cielo la juzgue y San Risto Mejide se la bendiga.

HAPPY TREE FRIENDS (No tan) dulce navidad


Hacía tiempo que no me acordaba de estos bichos. Pero nadie mejor para felicitar las fiestas en esta época llena de álmibar y buenos deseos. Tan tiernos y lindos como cafres, no hay historia de los Happy Tree Friends que no acabe en escabechina. Qué monos ellos. Pasen y vean. Y que nos se les indigeste el pavo.

La última vez hablamos de reproductores mp3. Esta vez también nos ocuparemos de uno. ¿La razón? Pues que es imposible no rendirse ante esta chulada en forma de  ladrillo de LEGO. Puedes ampliar su memoria añadiendo nuevas piezas. Que me quiten la visa o no respondo.

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Yolanda Muelas: Hola Leonardo, en el iPod sale el nombre de los grupos y las canciones.

leonardo: hola quisiera saber el nombre de la artista de la musica que tine la pagina

Eugenia FAUÉ: Agradezco su mención a mis investigaciones acerca del Vizconde Lascano Tegui en ediciones de EDUNER,...

Noel: La gente realmente hace cualquier cosa por amor. ¡No puedo dejar de pensar en “Forgetting Sarah...

carlos guerrero: geniales Mystery Jets!!!

Shirley Clarke: La confusión es una estimable táctica de guerrilla… Y por ahí van tanto Preciado como...

emma: hola soy ema, me gusto tu idea de producir el muñeco de tus sueños, asi ya no podremos conformarnos con lo...

eudald: Amoorrr!!! Miratela!!!nos la hicieron justo en la semana de la party!!! A ver q te parece!!! Enviaselo a...

sandra: hola esta muy buena la pag, soy de Rosario , argentina, soy lic en bellas artes por cualquier ilustracion...

ccc: q bonito todo! al fin una marca española q se diferencia…







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