
Situada a orillas del río Zangzi, la ciudad de Fengjie se ha convertido en símbolo del alto precio que el pueblo chino ha tenido que pagar por la construcción de la Presa de las Tres Gargantas: a la relocalización de sus habitantes en un área cercana hay que sumar los trabajos de inundación y demolición, que (al parecer) no se realizaron con una actitud del todo limpia en el manejo de fondos.
“Naturaleza muerta” prefiere dejar de lado la denuncia política de esta situación para centrarse en lo que de verdad le importa a su director: las personas que habitan (o habitaban) en esos paisajes ya inundados, dotados ambos de una belleza espeluznantemente vacía. Sus dos protagonistas regresan a Fengjie como supervivientes de un naufragio, en busca de esos amores que una vez dejaron allí y que, sospechan, nunca más volverán a ver. O, al menos, nunca más volverán a amar.
Zhang-ke es un director de larga trayectoria, pero prácticamente desconocido fuera del circuito festivalero: esperemos que su triunfo sorpresa en Venecia sirva para que conozcamos un poco mejor su obra. Por ahora, conformémonos con la que los conocedores definen como su película más poética y elusiva, cargada de simbolismo cotidiano y con ecos del neorrealismo italiano. “Naturaleza muerta” puede parecer deprimente en ocasiones, pero Zhang-ke piensa que, al final, los sentimientos (y la vida) se abren paso hasta en el entorno más desolador.


