Ni los “Transformers” del excesivo Michael Bay, ni las terceras entregas de “Spiderman”, “Los Piratas del Caribe” o “Los Cuatro Fantásticos” acompañados en esta ocasión por Silver Surfer se han podido hacer con el título de blockbuster del año. Éste, amigos míos, es sin duda para el primer salto a la gran pantalla de “Los Simpsons”.

Desde que se anunció el estreno del film muchas han sido las voces criticas con el proyecto: que si era no necesario, que si iba a ser un desastre, que qué se podía esperar de la película si las últimas temporadas venían siendo tan flojas… Y quieras o no te entran dudas al acercarte al cine. Pero ya se pueden ir relajando los alarmistas, que al igual que los sprinfieldianos no hubiesen dudado en quemar a Homer. No señores, no va a ser necesario quemar la cinta para que no manche el buen nombre de la serie. Es cierto que no es la mejor película de todos los tiempos, pero sí es un buen y merecido homenaje a la ya veinteañera familia. Muy mal lo tenían que hacer para cargarse dos décadas de triunfo en las televisiones de todo el mundo.
La película de Los Simpsons es divertida, tiene grandes momentos para el recuerdo y un himno enorme que no te lo vas a quitar de la cabeza, porque es imposible salir del cine sin cantar “Spiderpig”, (hablamos de la versión original, se entiende). Quien más minutos tiene es Homer, algo que no deja de ser normal si tenemos en cuenta que los mejores capítulos son los que giran entorno a él. La animación es genial y los gags son para morirse de risa. Pero hay algunas cosas que reprochar: noventa minutos saben a poco y casi no sale Ralph. De cualquier forma, ver a Bart como Matt Groening lo trajo al mundo bien vale un billete. Objetivo cumplido.



